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El ansia por huir del atraso

Los menores buscan en las pateras el fin de su explotación

el 07 nov 2009 / 20:57 h.

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En África hay más que hambre. El que hace el viaje en patera también persigue "dejar atrás la Edad Media para llegar al siglo XXI". Eso es lo que arrastra a los menores marroquíes a emprender la aventura en el Estrecho: lograr un trabajo digno y tener oportunidades. Ellos enferman de malnutrición, pero no mueren de hambre. Su ansia es de mejora, no de supervivencia. Es lo que interpreta Yuri Obara Belfali, la delegada de Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) en Marruecos, tras redactar el informe La situación de la infancia en Marruecos. Su oficina entregó dicho estudio al presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, en su visita de septiembre pasado al país norteafricano.

Actualmente, sólo el 5% de los menores que llegan a las costas andaluzas son de nacionalidad marroquí, según datos de la Consejería para la Igualdad. La inmensa mayoría son niños muy pequeños que viajan, además, acompañados por sus madres, todos ellos subsaharianos. "Es normal, las condiciones de vida han mejorado en Marruecos y hay menos necesidad de trabajo fuera", reconoce Obara. Lo que no quieren soportar estos jóvenes es el tipo de trabajo. "642.000 niños de 7 a 14 años son trabajadores en activo, el 11% del total. En zonas rurales, el 80% debe trabajar en la campaña. El 94% de los niños trabaja seis hora al menos por semana. Un 86% de ellos se ausenta constantemente del colegio, porque dan jornadas mínimas de 12 horas de trabajo a 3.300 dirhams al año [la mitad del sueldo más bajo] y, en un alto porcentaje, ellos son el único sustento de sus familias", añade. Esta realidad, unida a los "deficientes" niveles de calidad en la educación reglada, lleva a que el 40% de los jóvenes de 15 a 24 años sea analfabeto.

Sostiene la representante de Unicef que la pobreza obliga a los chavales a emplearse, porque "recibir educación en esas condiciones les causa críticas en su entorno". Reconoce como válidas pero "insuficientes" las ayudas del Gobierno marroquí, especialmente en el caso de las niñas. "Si no hay más que intenten irse es porque tienen aún menos movilidad que los chicos. Se ven condenadas a repetir roles de familia válidos desde hace siglos".

Con una mortalidad infantil y juvenil de 47 casos por mil habitantes, creciendo año tras año, "las familias recurren a lo que siempre se ha hecho: trabajar y pasar días". De esas cadenas escapan los que cruzan la mar.

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