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El arca de Noé metropolitana

Los ciudadanos del área metropoiltana también pueden aprovechar los fines de semana para dejar de estar pendientes todo el tiempo del tráfico y, con paciencia y atención, explorar la variedad de animales, sobre todo aves, que conviven con los urbanitas.

el 15 sep 2009 / 20:58 h.

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Los ciudadanos del área metropoiltana también pueden aprovechar los fines de semana para dejar de estar pendientes todo el tiempo del tráfico y, con paciencia y atención, explorar la variedad de animales, sobre todo aves, que conviven con los urbanitas. Todo un zoológico sin jaulas y gratis.

Es bastante más divertido perder 30 segundos en ver de qué edificio vienen, por qué esquina se van y a qué especie pertenecen. Hay más variedad de la que parece y alguna sorpresa, como los grajos que la pasada primavera la emprendieron con quienes paseaban cerca de la Catedral de Sevilla.

Entre esos animales destaca el cernícalo primilla, un pájaro en peligro de extinción pero con gusto por las aglomeraciones más urbanias: sus colonias en la Catedral de Sevilla o en la plaza del Salvador, controladas por la Consejería de Medio Ambiente, son la envidia de los ciudadanos a los que la hipoteca no les permite vivir tan en el centro como a estas rapaces. Quizá porque a la mayoría de los ciudanos les cuesta imaginar que en lo más profundo de las ciudades sólo pueda haber gorriones o jilgueros en jaulas.

Para la Sevilla de Gustavo Adolfo Bécquer volvían las golondrinas, y antes de que llegue la primavera a la del siglo XXI volverán los aviones, el pájaro que dio nombre a las aeronaves, y sobre el que pesa una leyenda urbana injustificada: la construcción de sus nidos y sus excrementos en edificios habitados no hacen daño a la salud de sus moradores, recuerdan desde Medio Ambiente. Por ello, pide a las comunidades de vecinos que realicen las operaciones de mantenimiento de los bloques con nidos fuera de la época de reproducción -ahora mejor que en primavera que es cuando crían- porque año a año vuelven al mismo sitio a poner sus huevos.

Que el hombre de la ciudad desciende del de las cavernas lo prueban nuestros vecinos los murciélagos, esos mamíferos que vuelan. Están ahora en el letargo de los meses fríos, los que no cogieron las maletas rumbo a África. Les encantan las juntas de dilatación de los edficios, las grietas o los tambores de las persianas. El susto lo compensan dándose un banquete con los mosquitos. Y sólo en casos muy raros muerden o transmiten rabia (una sola de sus varias especies, el hortelano).

Pero si hay una especie a la que le gustan las afueras de la Gran Sevilla son las cigüeñas: en el entorno de la corona se pueden ver durante todo el año, con colonias como la de la Dehesa de Abajo, en La Puebla del Río, todo un Nueva York de estas aves que todavía anidan en los campanarios de los municipios del área metropolitana.

La abundancia de la población de cigüeñas contrasta con la presencia de aves en peligro de extinción en las áreas rurales de la Gran Sevilla: 45 avutardas sobreviven en los campos de Gerena, Olivares, Aznalcóllar, Sanlúcar la Mayor y Carmona, mientras que el aguilucho cenizo, también amenazado, se distribuye por la meseta aún no construida del Aljarafe y Carmona. Por los mismos campos también se deja ver el sisón común.

Otro hábitat relacionado con el área metropolitana son los humedales en torno a Sevilla, donde tras un corto paseo se puede encontrar una fauna muy rica y amenazada. El paraje natural de Brazo del Este sustenta poblaciones de cerceta pardilla, garza imperial o garcilla cangrejera, y está a pocos minutos en coche de Sevilla.

Del mismo modo, el complejo endorreico de Utrera es el hogar de los flamencos y del a malvasía cabeciblanca en el área metropolitana.

Pero el gran chollo para las aves de la Gran Sevilla son las cerca de 30.000 hectáreas de arrozal en la marisma del Guadalquivir, una despensa en la que todas las anteriores se atiborran de invertebrados y anfibios (ranas y animales similares), presentes en estos cultivos de la provincia.

Los anfibios como las ranas se las apañan bien en ríos razonablemente limpios de la Gran Sevilla, empezando por el Guadalquivir o el Guadiamar, cuyo corredor verde es un espacio protegido en la periferia de la Gran Sevilla y en la que los informes de Medio Ambiente hablan incluso de la presencia de nutrias. En las charcas, lagunas y áreas inundables de la conurbacio´n se pueden ver ranas muy especiales: tres especies amenazadas. Se trata del sapillo moteado ibérico, el sapillo pintojo meridional y el sapillo pintojo ibérica.

Otro anfibio que hará las delicias de quien se pare 10 minutos a mirar a la vera de una charca es una curiosa subespecie de la salamandra común, la morénica, que se puede encontrar en el sector noroeste, en concreto en los municipios metropolitanos del Corredor de la Plata, como Aznalcóllar.

peces. Entre los peces -nadie va a disfrutar viendo albures de Coria del Río, sino más bien dando cuenta de ellos- el más importante de las aguas de la Gran Sevilla es el salinete, el el extremo suroriental de la aglomeración urbana (en concreto en Utrera). Sobreviven en arroyos salinos que están declarados lugares de importancia comunitaria por la Unión Europea, en parte por ser el hogar de este minúsculo pez, que sólo existe en ocho localidades del áera de influencia atlántica de Andalucía. En definitiva, un tesoro a la salida de casa, si no la asfaltamos.

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