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El arte de estafar a los aficionados sin que pareciera el timo del siglo

Muchos aficionados se fueron indignados y convencidos de que los habían engañado.

el 21 sep 2012 / 21:35 h.

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Fernando Romero en un momento de la obra
Teatro Lope de Vega. Sortilegio de Sangre. Idea original y coreografía: Fernando Romero. Composición musical original: Pepe Nieto. Dirección de Escena: José Antonio. Guión, dramaturgia y adaptación al ballet: Pepe Nieto y Fernando Romero. Diseño de vestuario: José Antonio. Diseño de iluminación: Florencio Ortiz. Bruja-espectro: Elena Algado. Urcebas: Fernando Romero. Culcas: Miguel Ángel Corbacho. Albura: Ana María Bueno. Luxinio: Jesús Carmona. Voz abierta y mensajero: Miguel Ortega. Entrada: medio aforo. Sevilla, 21 de septiembre de 2012.


Según la sinopsis que aparece en el programa de mano, Sortilegio de sangre cuenta la historia de un personaje, un general del ejército Turdetano bajo el reinado del rey Indikoertes, quien atraviesa el proceso involutivo de un hombre esencialmente bueno que, influido por su esposa, Albura -y debido tal vez a un defecto en su propia naturaleza- sucumbe a la ambición, llegando al asesinato. En pos de obtener y luego de retener el poder va perdiendo su humanidad y comete todo tipo de actos abominables.

La obra sintetiza lo que la avaricia y la ambición del poder pueden hacer en nosotros, los seres humanos. No sé qué pinta una obra como ésta en la Bienal de Flamenco, coproducida, además, por la Diputación de Sevilla. Fernando Romero es un bailaor-bailarín sevillano con una impecable formación tanto en flamenco como en danza. Eso nadie lo puede poner en duda, pero Sortilegio de sangre, su estreno de anoche en la Bienal de Flamenco, es una estafa tan grande como una catedral. Por eso, por incluir una obra de danza contemporánea en el mejor festival flamenco del mundo. Rosalía Gómez, la directora de la Bienal, que viene precisamente de este género dancístico y no del flamenco, debería de dar hoy mismo una explicación porque muchos aficionados se fueron anoche del teatro convencidos de que les habían robado la cartera, de que los habían timado en la mismísima cuna del flamenco. ¿Qué necesidad había de esto? Precisamente una de las cosas importantes de esta Bienal es que está asistiendo bastante público a los espectáculos programados, porque hay hambre de flamenco, porque el mundo quiere saber qué es eso que han declarado Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Si esto es un anticipo de lo que nos espera con Rosalía Gómez como directora de la cita flamenca sevillana, o nos preparamos también en danza del terror o nos hacemos socios de Torres Macarena. Les dije hace años que había gente interesada en modernizar el flamenco para acabar con los aficionados cabales, los críticos y los flamencólogos, y atraer otra clase de público, que solo compre entradas y no exija mucho. Esun grupo donde hay coreógrafos, literatos, políticos, músicos y empresarios, que se reúne una vez al mes en una especie de búnker que hay debajo del Estadio Olímpico, aunque esto está todavía por confirmarse.La nueva obra del artista Fernando Romero, dirigida nada menos que por José Antonio, exdirector de Ballet Nacional de España, encajaría perfectamente en un ciclo de teatro de terror o en cualquier festival de danza contemporánea. Pero incluirlo en la programación de la Bienal ha sido una verdadera tomadura de pelo, una más de esta cita.El cantaor palaciego Miguel Ortega parece que estaba para que el público no se fuera, porque salía cada diez minutos cantando "lo mejor está por llegar". Y, claro, la gente seguía en sus butacas a la espera algo flamenco. El mismo cantaor salió al final cantando "Mañana, mañana". De José Mota, vaya. Menudo timo.

 

 

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