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El asalto de chabolistas a varios pisos incendia los ánimos en las Tres Mil

Padres y tíos del joven fallecido en un tiroteo amenazaban a gritos a las familias implicadas en esa pelea que habían vuelto a entrar a la fuerza en pisos de las Tres Mil. La respuesta de los que regresaron tras 78 días viviendo en chabolas era que sólo saldrían "con los pies por delante". Tras varias horas de tensión, inesperadamente, llegaron a un acuerdo.

el 16 sep 2009 / 04:16 h.

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Padres y tíos del joven fallecido en un tiroteo amenazaban a gritos a las familias implicadas en esa pelea que habían vuelto a entrar a la fuerza en pisos de las Tres Mil. La respuesta de los que regresaron tras 78 días viviendo en chabolas era que sólo saldrían "con los pies por delante". Tras varias horas de tensión, inesperadamente, llegaron a un acuerdo.

Los chabolistas empezaban anoche a marcharse de los pisos que habían reventado tras un acuerdo verbal con parientes del fallecido: se dieron la mano y prometieron que nadie, "ni hombres, ni mujeres, ni niños", regresaría al Polígono Sur para asaltar las casas hasta que "todo se solucionase". Aunque con una condición: los chabolistas aguardarán hasta septiembre para que las administraciones les den una alternativa, pero no más allá. Y esa opción tendrá que afectar a la mayoría, porque no parece que más de cinco o seis familias de las que vivían en el Polígono Sur tuviera su documentación en regla. Y también parece evidente que el regreso en masa no es una opción.

Incluso el que ayer llegaran a un pacto parecía imposible a tenor de cómo había transcurrido el día. Los dos grupos de familias enfrentadas pasaron toda la tarde retándose, alimentando una tensión que hizo que los niños se metieran en sus casas y los adultos aparcasen sus coches al otro lado de la calle Luis Ortiz Muñoz, esperando a ver qué pasaba. "Esta noche se va a liar, va a volver a pasar algo gordo", musitaban los vecinos repitiendo lo que vociferaba la familia del muerto, apostada en una esquina, de riguroso luto. "¡Que son los que han matado a mi niño!", repetía la madre del joven fallecido.

Frente a esa esquina, dentro del conjunto 8, permanecían los antiguos vecinos del barrio que llevan dos meses y medio viviendo en chabolas en el descampado al que huyeron tras el tiroteo por miedo a esa venganza que ayer planeaba. Los hombres se quedaron en el patio interior tras asaltar al menos ocho pisos, uno por familias. Iban con sus mujeres y sus hijos, que permanecían asustados junto a ellos. Los hombres decían que esta vez no se irían, como habían hecho en los dos intentos anteriores.

Entre ambos, una mínima dotación de la Policía Autonómica intentaba evitar que saltara la chispa y hacía esfuerzos para mediar, pero no era fácil: los parientes del fallecido se les abalanzaban exigiendo que los echaran, igual que los vecinos del barrio, mientras los chabolistas se guarecían tras ellos.

Habían llegado sobre las cinco de la tarde y habían roto con machotas el cierre de hormigón que la propia Policía había colocado en las puertas. Sacaron sus enseres de las furgonetas y los metieron.

Los vecinos miraban, entre la curiosidad y la preocupación. Los parientes del fallecido se reunieron para acudir, pero hubo personas que les pidieron calma. Sin embargo, a las ocho y media de la tarde y tras ver que la Policía se limitaba a dar vueltas y nada hacía pensar que fuera a intervenir, una treintena se lanzó a la calle.

Cuando llegaban a la esquina profiriendo amenazas, la gente empezó a gritar. Todos los niños que jugaban en las plazas salieron corriendo, azuzados por sus madres, y entraron en sus pisos.

La tensión fue mucha durante toda la tarde y hubos varios momentos en los que pareció que la familia de la víctima se iba a meter en el patio de los chabolistas. Los hombres enlutados no dejaban de gritar que iba a "arder Troya" y los chabolistas decían que si querían sacarlos iba a ser por la fuerza. Incluso amenazaron con usar armas.

Fue la callada labor de mediadores cercanos a ambas partes la que logró que portavoces de unos y otros hablaran, a través de tres intermediarios. Con la Policía de testigo, la parte de la víctima les dijo que no podían estar allí, que no estaba claro quién había matado a Mariano, el joven de 17 años fallecido por una bala perdida. Los chabolistas alegaron que sus hijos se morían de calor en las chabolas.

Pero les replicaron que quedarse tampoco era seguro para ellos, que antes o después habría un enfrentamiento. Anoche, las familias se marchaban tras dar su palabra de que no regresarán hasta que todo se haya aclarado... siempre que ocurra antes de septiembre.

Las administraciones tienen otra oportunidad de que lo que empezó mal, cuando los chabolistas llegaron en 2005 gracias a que el Ayuntamiento les dio 42.000 euros sin hacerles un seguimiento, no acabe aún peor.

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