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El atajo glorioso

Nueve de cada diez paisanos han cortado alguna vez por El Arenal. Sabe Dios si hay otro atajo tan ilustre. De esta puerta que abría y cerraba los mares ya sólo queda el Postigo. Hoy, los japoneses van a por carteles taurinos.

el 23 feb 2010 / 21:34 h.

Como siempre que se acerca la Semana Santa, aquello es noticia menuda. Los doctores de la ley comentan ufanos sus tabernas, sus sombras, sus capillas y ciertas croquetas; sale de allí el Viacrucis de las Hermandades y los tenderos empiezan a comprar fiambres y salchichas para los bocadillos. Cuando el mundo tenía puertas, El Arenal manejaba el cerrojo y era noticia siempre. Los descendientes de aquellos extranjeros que antes iban allí a hacer fortuna acuden, ya debidamente forrados, a calentarse las manos en esa hoguera de pobres llamada tipismo, hecha de rescoldos de gloria; a comprar delantales de lunares, comer frituras y contemplar cómo se pone por el Puente de Triana ese sol que antes no se ponía. Alguno habrá también que tire por allí de camino a otro sitio: al Nuevo Mundo, a la Plaza Nueva... Siempre la novedad, tan sevillana ella.

Son 43 calles para tres barrios lo que comúnmente se conoce como El Arenal: La Carretería, La Cestería y El Baratillo. Algunos le incluyen también el barrio de La Mar (García Vinuesa y adyacentes), aunque en sentido estricto no sea así porque se habla del trozo baldío que quedaba entre las murallas y el río. Tienen los tres (los cuatro, en realidad) un aire salino y una estampa entre señorial y canalla de cuando aquello era el polígono industrial de las Indias, la zona tabernaria, la urbe financiera, el centro de transportes y uno de los prostíbulos más prometedores del Siglo de Oro, junto con la Pajería (lo que hoy es Molviedro, el barrio vecino). Paseando por El Arenal da la sensación, si se fija, de que algo formidable está pasando a la vuelta de la esquina y uno se lo está perdiendo. Es una especie de espejismo de sevillanía, si pudiera decirse así. Luego, dan ganas de entrar en cada uno de los bares, uno detrás de otro, a comerse y a beberse, tan pancho como sea posible en un taburete, todo lo que en Semana Santa es imposible por haber gente aparcada en triple fila en todas las barras.

El Arenal ya no entiende de barcos. Hoy es torera y cofradiera. No hay sombras más agradables que las suyas, ni adoquines más abollados. Hablando de sus contrastes, decía ayer Florencio Quintero, el guía de Sevilla por excelencia, que allí "lo mismo podemos toparnos con uno de los personajes que en Sevilla se asimila al mito del Tenorio en el Hospital de la Caridad, que dar un paseo por la arquitectura regionalista y modernista de la ciudad, o adentrarnos en el mundo de la picaresca y la Sevilla cervantina y de siempre". Fíjese bien cuando pase por allí camino de cualquier otro sitio.

Aparte de los obvios (Plaza de Toros, Paseo de Colón...) he aquí otros destinos, detalles y curiosidades que tal vez quiera conocer:

1 El Pópulo fue convento, luego prisión y más tarde Mercado de Entradores. Desde allí cantaban saetas los presos a la Trianera. En esta calle de Pastor y Landero vivió Gustavo Bacarisas.

2 La Cruz de forja que corona la capilla del Baratillo fue, como cuenta Florencio Quintero, origen de la hermandad y objeto especialísimo de culto para los vecinos. Párese a verla, al pasar.

3 La Casa de las Moscas se llama así por los insectos que decoran sus azulejos. Está entre Adriano y Pastor y Landero y es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura modernista en Sevilla. Lo hizo Gómez Millán en 1912.

4 El retablo del Postigo parece raro porque muestra a la Piedad con un Cristo diferente del actual. Quintero explica que es el antiguo de la Misericordia, obra de Emilio Pizarro de la Cruz, que fue sustituido por el de Ortega Bru en 1950.

5 Cervantes y Lope de Vega frecuentaban El Baratillo. El primero lo cita en Rinconete y Cortadillo. Del segundo hay una referencia en la fachada del Hotel Adriano.6 Noches del Baratillo nació como tertulia a mediados del siglo XX en la esquina de López de Arenas con Galera.

De utilidad:

Florencio Quintero organiza visitas guiadas diurnas y nocturnas, entre ellas una dedicada a la picaresca y a la Sevilla cervantina que pasa de lleno por El Arenal. Por 12 euros puede apuntarse a vivir la historia de la ciudad de otra manera. Infórmese de todas las rutas en la web www.conocersevilla.com o llame al propio Quintero al teléfono 647 437088 para más detalles y horarios.

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