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El aterrizaje de un (ex)ministro

Símbolo del PP de Aznar, el nuevo rostro económico del PP toma impulso desde Sevilla.

el 15 oct 2011 / 20:31 h.

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En 2010, Cristóbal Montoro fue Chuck Norris. Durante unas horas su rostro de rasgos marcados y su pequeña figura que evoca a la imagen de un banquero, se transformó en wikipedia en la del actor experto en artes marciales y objeto casi de veneración en internet. Fue poco tiempo, el justo para que el exministro de Hacienda alcanzara una de sus cuotas de popularidad más elevada en las redes sociales. Años después aún sonríe cuando en las entrevistas se le recuerda aquel episodio. "No creo que seamos coincidentes", confesaba hace algunos meses. Pero algo hay de similitud entre el retrato que está dibujando el PP de su cabeza de lista por Sevilla y el que se ha configurado del actor norteamericano fuera de las pantallas. Montoro, como Norris, no va a crear empleo, él va a destruir el paro.

Montoro es la imagen del milagro económico que anuncia el PP. Está llamado a volver a su ministerio o, al menos, a manejar altas cuotas de poder, en el Gobierno de Mariano Rajoy y de ahí que, cuando descendió de su paracaídas, para aterrizar como candidato por Sevilla, sus compañeros de le recibieran con los brazos abiertos. "Cómo no vamos a estar orgullosos de tener aquí a uno de los grandes referentes", repetían los dirigentes populares. Al Chuck Norris del PP, podríamos añadirle. Todo son muestras de cariño y alabanzas al exministro de Economía, quien de la noche a la mañana se convirtió en una persona estrechamente vinculada con la provincia.

Decía Alfonso Guerra -su contrincante directo- que "los diputados no pertenecen a una circunscripción, sino que lo son de todo el país, aunque tengan una relación especial con la provincia". Una concepción perfectamente aplicable a Montoro. Nacido en Jaén en 1950, estudio en Madrid, donde reside, y tiene como segunda vivienda un piso en el levante. Ha sido diputado dos veces por la capital y otras tantas por su provincia de origen. ¿Dónde está Sevilla? "Siempre que le hemos necesitado ha estado aquí". Bueno, algo es algo. Pero no hay quien le quite el título de candidato cunero o paracaidista.

Lo importante para el PP y para él no es su perfil personal. Lejos de ser un dirigente carismático, Montoro es reservado, receloso de su vida privada y familiar (está casado y con dos hijas), con las aficiones clásicas que recita casi de memoria un político. Su discurso público se consume entre cifras, datos y previsiones que trazan de él una imagen seria, didáctica, la de un eterno profesor de economía y que esconden un trato agradable lejos de los focos. Hay quien se atreve incluso a hablar de buen humor. De momento, lo dejamos en sonrisa fácil.

Lo importante, decíamos, es su trayectoria profesional. Catedrático de Hacienda Pública, diputado desde 1993, secretario de Estado de Hacienda con Rodrigo Rato, ministro de Economía con José María Aznar, eurodiputado, coordinador económico de los populares, vicesecretario del PP-A... Su currículum habla casi por sí solo. Para lo bueno y para lo malo. Para lo bueno, hay que mirar la presentación que hace de él el PP y sumergirnos en el discurso de fríos datos y cifras: durante su legislatura como ministro el PIB creció, la deuda pública bajó y, sobre todo, se crearon dos millones de empleos. Si repite esos datos lo sacan a hombros por los Pirineos para que exporte la fórmula mágica.

Para lo malo hay que mirar al adversario. El propio Alfredo Pérez Rubalcaba nos vale: "Vamos dados si Montoro es ministro de Economía". Porque Montoro es el rostro económico del PP ahora y lo fue en la etapa de José María Aznar, de cuya mano entró en el Congreso como parte de un nuevo equipo de economistas liderados por Rodrigo Rato llamados a dar un vuelco al país. Y lo dieron. Dirigió la economía durante el ciclo de las privatizaciones y pilotó el modelo de crecimiento económico basado en el ladrillo. Del pasado reciente, también se pueden agrandar el listado. Montoro, el interlocutor del PP en economía, anunció su intención de prohibir las huelgas generales tras la última convocatoria y puso al sistema bancario español contra las cuerdas antes de tiempo al anunciar una "hecatombe".

El PP de Sevilla se queda con lo bueno. Lo ven como el líder del gran vuelco electoral, que luego sabrá tener un sitio en su corazón, (traducido, un bolsillo en su cartera ministerial) para la provincia que le aupó al Congreso. El problema es que la cartera que está llamado a coger tiene más agujeros que bolsillos. Porque a nadie se le escapa, que llegue quien llegue al ministerio, vendrá con la tijera en la mano. La que le corresponde a quien anuncia una gran reforma fiscal, una mayor exigencia de estabilidad presupuestaria, medidas como la supresión de empresas municipales y una reestructuración de la administración del estado para evitar duplicidades entre el Gobierno central y las comunidades.

En este escenario, lo más fácil que le queda a Montoro por delante es su campaña en la que parte en una situación sin precedentes para resolver una de las grandes "asignaturas pendientes" del PP, una provincia que se le resiste y en la que, por primera vez, parecen en condiciones de superar en diputados a un PP que hasta ahora le doblaba en escaños. Para eso han llegado los refuerzos. Aunque sea en paracaídas.

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