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El autor del crimen de la Alameda, en su última palabra: "En su día, era la víctima o yo"

el 14 jun 2012 / 13:42 h.

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José Antonio H.G., el joven de 29 años de edad acusado de matar al  propietario de una hamburguesería ubicada en el entorno de la Alameda  de Hércules de la capital hispalense después de propinarle un total  de 59 puñaladas, ha hecho uso de su última palabra para asegurar a  los miembros del jurado popular que, "en su día, era la víctima o  yo", ya que, según mantuvo en su declaración, Manuel Flores habría  intentado violarlo y eso fue lo que le obligó a cometer el crimen.  

Durante la cuarta sesión del juicio con jurado popular que se está  celebrando en la Audiencia Provincial de Sevilla, el acusado ha hecho  uso de su última palabra para explicar que, "en su momento, reconocí  los hechos , pero no porque pudiera suponer una rebaja" en la posible  condena, sino por "mi estado psicológico".  

Tras señalar que "hoy no se sabe lo que pasó en la casa del  fallecido", ubicada en la calle Joaquín Costa de la capital  hispalense, el imputado ha asegurado que, "si pudiera volver atrás,  no ocurriría nada de lo que ocurrió", por lo que, dirigiéndose a los  miembros del jurado, ha dicho que "sólo pido que tomen la decisión  que vean pertinente" teniendo en cuenta que, "en su día, era la  víctima o yo".  

El abogado del imputado, José Javier Toucedo, ha pedido para su  cliente una pena de entre cinco y diez años de cárcel por un delito  de homicidio con las atenuantes de legítima defensa, confesión y  arrebato. "Esta parte reconoce la comisión de un delito de homicidio  y las 59 puñaladas, desde la primera hasta la última", ha dicho el  letrado, que, no obstante, ha considerado que no han quedado probadas  ni la alevosía ni el ensañamiento planteados por la Fiscalía y la  acusación particular.  

Así, ha señalado que su patrocinado "no cogió por detrás" a la  víctima --negando así que se tratara de un ataque sorpresivo--, sino  que "se pelearon de frente", ya que sólo dos de las 59 puñaladas  están localizadas en la espalda de la víctima, que "presentaba además  heridas de defensa". A ello se suma que "no se ha probado que  quisiera aumentar el dolor de la víctima", por lo que no hay  ensañamiento, "que no depende del número de puñaladas, sino de  aumentar el dolor de manera consciente".  

A su juicio, lo que se produjo fue "una refriega" entre víctima y  acusado, que se encontraba en "una situación límite". "Tuvo que haber  una agresión, una pelea, un detonante, una lucha", pues "no se puede  pasar de hacer turismo familiar al asesinato con ensañamiento sin que  haya algo en medio". "*Quién puede asegurar que la víctima no le puso  el cuchillo en el cuello para tener relaciones sexuales y mi cliente  no lo ha dicho por vergüenza y por su trastorno?", ha preguntado al  jurado.  

Respecto a las atenuantes, el abogado ha defendido la legítima  defensa, el arrebato --"estaba en una situación en la que se sabe lo  que se quiere pero no se llega a controlar bien lo que se hace"-- y  la confesión, pues "si no hubiera dicho nada, probablemente no  estaríamos hoy aquí y la muerte no tendría autoría", tras lo que  también ha aludido al hecho de que el acusado no cuenta con  antecedentes por delitos cometidos con violencia y "arrastra" un  trastorno desde su infancia. "Ha cometido un error, pero *por ese  error merece 25 años en la cárcel", ha cuestionado.  

De su lado, el fiscal ha aseverado que el imputado ha "mentido"  tanto en "detalles" como en el "fondo del asunto", pues, en contra de  lo manifestado por el acusado, "ha quedado plenamente acreditado que  en alguna ocasión mantuvieron relaciones sexuales", punto en el que  ha hecho referencia al preservativo hallado con una mezcla del perfil  genético de ambos. Asimismo, ha señalado que los distintos análisis  han demostrado que no consumieron drogas ni alcohol.

En su informe final, el fiscal, que pide para José Antonio 23 años  de cárcel por un delito de asesinato, ha señalado que, según los  testigos, el fallecido era una persona "confiada, generosa y que, en  su ambiente, tenía éxito", por lo que no tendría sentido el intento  de violación alegado por el acusado para cometer el crimen.  

A su juicio, "y por motivos que nunca vamos a conocer", el  imputado "se fue a la cocina, cogió un cuchillo y, tras coger a la  víctima por el cuello, le dio la primera puñalada en el pecho", tras  lo que "siguió apuñalándolo de forma violenta" hasta completar las 59  puñaladas, todo ello mientras la víctima "estaba viva".  

Ha añadido que el crimen se cometió con alevosía, "por lo  inesperado y sorpresivo del ataque", y ensañamiento, ya que "aumentó  de forma intencionada su dolor a pesar de saber que se estaba  muriendo", y ha rechazado las circunstancias atenuantes defendidas  por el abogado del acusado, aseverando que la confesión "a la carta  en Derecho Penal no vale, no existe".  

De su lado, el abogado de la acusación particular, que ha  coincidido con el fiscal en las "reiteradas mentiras" del procesado,  para quien pide 25 años de prisión, ha llamado la atención sobre la  "brutalidad tremenda" del crimen, pues "se trataba de puñaladas  profundas y anchas" frente a las cuales el fallecido "trató de  defenderse inútilmente".  

Tras destacar el carácter "confiado, no violento y generoso" del  finado, que "era una muy buena persona", el abogado ha negado también  que la víctima intentara forzar al imputado, aludiendo igualmente al  preservativo hallado en la habitación, por lo que "es evidente que  tuvieron sexo"

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