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El Ayuntamiento autoriza barras pero congela las licencias de bares

Los hosteleros de la Alameda han acusado al Ayuntamiento de competencia desleal, haciéndole responsable del 50% de pérdidas que sufren. Los bares critican al área de Juventud y al distrito por autorizar los veladores que acompañan a los conciertos que organizan en el barrio.

el 15 sep 2009 / 08:34 h.

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Los hosteleros de la Alameda han acusado al Ayuntamiento de competencia desleal, haciéndole responsable del 50% de pérdidas que sufren. Los bares critican al área de Juventud y al distrito Centro por autorizar los veladores que acompañan a los conciertos y velás que organizan en el barrio, mientras que ellos llevan dos años sin licencias por las obras y están obligados a cerrar a medianoche.

El conflicto de los bares de la Alameda se reabre cada verano, si es que se ha cerrado alguna vez en los últimos dos años. La Asociación de Empresarios de Bares y Restaurantes de la Alameda acusó ayer al Gobierno local en un comunicado de intervenir en el bulevar con un doble rasero: les prohíben a ellos hacer lo que otras áreas municipales y el propio distrito Casco Antiguo están haciendo "amparándose en la excusa cultural": montar veladores y barras de bar en el bulevar y permitir que se beba masivamente en la calle.

La lección es simple: para hacer negocio vendiendo bebidas no hay que pedir un permiso de veladores -los suyos llevan dos años derogados-, sino autorización para montar un espectáculo o un concierto en el bulevar. Un evento cultural de este tipo inhabilita a la Policía para multar la venta y el consumo de bebida en la calle. Y así, desde la más estricta legalidad, se esquiva la polémica Ley Antibotellona.

Los bares denuncian que, mientras sus ventas han bajado más de un 50% "con pérdida de puestos de trabajo", "el Ayuntamiento programa actividades culturales cada fin de semana" e instala barras de bar a precios más económico para restarles clientes. El distrito Casco Antiguo, cuyo responsable es el edil de Juventud Francisco Manuel Silva (IU), explicó ayer que en lo que va de año ha organizado cuatro eventos en la Alameda: tres conciertos y "unos carnavales en los que colaboraron los bares de la zona".

El presidente de la asociación, José Manuel Palomino, explicó ayer que desde el Consistorio "se dedican a organizar eventos masivos sin criterio ni criba de calidad, poniendo barras -con o sin permisos-, programan conciertos de música, algo absolutamente prohibido para los bares de esta zona, y molestan a los vecinos, algunos de los cuales culparán a los bares del ruido". "Cerrar en julio o agosto a la 1.00 supone dejar de servir a las 12.30, justo cuando la gente sale a tomar una copa", apuntó Palomino a Europa Press.

La remodelación de la Alameda es, de facto, una obra acabada. Pero para que técnicamente se considere terminada, la constructora debe hacer entrega oficial de la misma al Gobierno local, y éste aún no la ha reclamado. Responsables de la obra reconocieron a este periódico que "el proyecto podría entregarse mañana mismo al Ayuntamiento y darlo por concluido", pero el Consistorio decidió hace meses sacar del calendario una posible fecha de inauguración. La única explicación oficial que admite es que están pendientes del transformador que debe suministrar energía a los locales.

El problema es que, mientras la Alameda no esté recepcionada y expire la licencia de obras en la zona, Urbanismo no podrá autorizar los permisos de veladores ni se podrá desarrollar un programa de actividades culturales en el bulevar. Más de una veintena de bares lleva dos años sin licencia, desde que Urbanismo las derogó cuando arrancaron las obras. Ese desorden reglamentario, consensuado con el Gobierno, estalló en el momento en que la botellona regresó a la Alameda.

La Policía se desplegó a la largo y ancho del bulevar y empezó a multar y a ordenar cierres prematuros. De ese caos se salió tras muchas reuniones, pero, desde entonces, la Policía patrulla cada noche la Alameda y se asegura de que pasada la medianoche los bares empiecen a bajar las persianas. Los dueños vuelven a denunciar que los agentes van a pillarles "por cinco minutos" y que el cerco policial aleja a los turistas y a los clientes habituales.

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