Cultura

El Ballet Nacional de España agota las entradas en La Unión

El XLVIII Festival Internacional del Cante de las Minas ya está a tope, con las entradas agotadas todos los días y gentes venidas desde distintos lugares del mundo, que crean un ambiente extraordinario en este pueblo minero venido a menos en asuntos de minería y en cuya calle Mayor, en el siglo XIX, se dice que había más cafés cantantes que en toda Sevilla. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 09:41 h.

El XLVIII Festival Internacional del Cante de las Minas ya está a tope, con las entradas agotadas todos los días y gentes venidas desde distintos lugares del mundo, que crean un ambiente extraordinario en este pueblo minero venido a menos en asuntos de minería y en cuya calle Mayor, en el siglo XIX, se dice que había más cafés cantantes que en toda Sevilla.

El sábado fue el día del Ballet Nacional de España, considerado uno de los platos fuertes del festival. El antiguo Mercado Público de La Unión no es el escenario más idóneo para disfrutar de este ballet por las dos columnas de hierro que hay en el mismo proscenio, que el cuerpo de baile tiene que estar esquivando con habilidad. Pero, sobre todo, porque las dimensiones del recinto impiden una buena visión a gran parte del público, la que está en los laterales.

Sin embargo, el Ballet Nacional ya ha estado otras veces en La Unión, una de ellas, la de 1984, para representar Medea, la gran obra de José Granero y Manolo Sanlúcar, que los vecinos de La Unión recuerdan todavía con cariño y admiración. Dirigía entonces el ballet María Ávila, después de una gran etapa marcada por los genios Antonio Gades y Antonio Ruiz Soler.

En manos ahora del prestigioso bailarín y coreógrafo madrileño José Antonio, que se hizo cargo de su dirección por primera vez, en 1986, la noche del sábado pudimos disfrutar de tres coreografías: Capricho, del coreógrafo sevillano Fernando Romero; Golpes da la vida, de José Antonio y el bailaor sevillano Rafael Campallo; y Cambalache, del trianero Antonio Canales.

Caprichos, con música de Juan Manuel Cañizares y Juan José Amador, es una obra austera, que se estrenó el 5 de noviembre de 1988 en el Teatro Central de Sevilla. En ella se luce el bailarín Jesús Carmona, sobre todo en Capricho de Milonga. Pero la coreografía está marcada por la frialdad y un cuerpo de baile robotizado que apenas llega a la piel del espectador.

La mejor coreografía de la noche fue, sin duda, al menos la que el público aplaudió más, Golpes da la vida, en la que el propio José Antonio, a pesar de haber ganado kilos y, por tanto, perdido elasticidad y técnica, se lució junto a un Jesús Carmona espectacular.

El dramatismo que comunicó José Antonio fue determinante en el éxito de la representación de esta bella obra, en la que un artista, en el ocaso de su vida, comprueba lo dura que puede ser la vejez. Una coreografía espectacular con grandes momentos y que provocó los primeros aplausos entre el público allí reunido.

Cambalache es la coreografía más compleja, en la que el cuerpo de baile se mueve con una gran precisión. En ella se vuelve a lucir el joven Jesús Carmona, cuyos giros rizan el rizo hasta lo increíble. Destacó la pieza Gitanería, en la que todo el elenco baila, a lo largo y ancho del montaje, por tangos.

Después de finalizar la gala actuó, en la llamada Madrugá Flamenca, el cantaor Antonio Ayala El Rampa, uno de los cantaores más interesantes y completo de la Región murciana, acompañado a la guitarra por Rosendo Fernández.

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