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El bar Laredo vuelve al ruedo

Con traje de luces (dos lámparas de Murano que valen 20.000 euros cada una), capote de paseo (azulejos sevillanos del biznieto de Lastrucci) y una cuadrilla de 14 personas, Robles Laredo vuelve, tras 16 meses, totalmente renovado, pero con corte clásico.

el 15 sep 2009 / 15:43 h.

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Con traje de luces (dos lámparas de Murano que valen 20.000 euros cada una), capote de paseo (azulejos sevillanos del biznieto de Lastrucci) y una cuadrilla de 14 personas, Robles Laredo vuelve, tras 16 meses, totalmente renovado, pero con corte clásico. Su puesta a punto ha costado un millón de euros.

Artistas y toreros estaban entre la clientela del bar que fundó Rodrigo Díaz de la Roza en 1939. Hoy, este establecimiento es, por sí, la estrella. Y abre con muchas novedades y no pocas polémicas. Eso sí, conserva el gusto por lo clásico, por las tradiciones y, sobre todo, por el placer de ver la Giralda y la plaza de San Francisco desde un enclave privilegiado. No obstante, la historia de la recuperación de esta joya de 45 metros cuadrados es "una odisea", como admite Pedro Robles.

La familia Robles asegura que la investigación abierta por la Delegación provincial de Cultura por la supuesta destrucción de unas pinturas ha retrasado la apertura del local casi un año, con el consiguiente perjuicio económico.

"Durante este tiempo hemos mantenido los contratos de 14 trabajadores, a una media mensual de 1.500 o 1.600 euros cada uno, a lo que hay que añadir el alquiler y las ventas", explica Pedro Robles, quien intentará que el Ayuntamiento amplíe el periodo de concesión del bar.

"Se dio a entender a la opinión pública que cometimos un delito, nuestra imagen se vio por los suelos y nos han hecho un daño moral muy importante. Nuestra respuesta es abrir ya, con todas las licencias en orden, como lo teníamos desde el principio.

No cometimos ninguna infracción urbanística ni ilegalidad de ningún tipo, no destruimos nada. Al contrario, hemos rehabilitado la fachada y los muros", sentencia Robles. "Nos han hecho un daño económico y moral bestial", lamenta tras recordar que "el clavo que más sobresale es el que se lleva más golpes".

En plena crisis, el nuevo Laredo está lleno de lujo y vestigios del pasado, aunque dista mucho del bar que cerró en mayo de 2007. De entonces sólo queda el rótulo antiguo, que se mantiene en la calle Sierpes, y que Cultura instó a conservar. Y, sobre todo, las vistas. Al igual que en los años 30, ya no hay muros que impidan ver la Giralda. Dos conchas en azulejos recuerdan la original del bar, fundado por un santanderino.

Entre las novedades, los veladores. Además de los siete en la misma acera del bar, el Laredo tendrá otros diez en el chaflán del Ayuntamiento, enfrente de su cristalera. Ya cuelga de la pared la licencia de Urbanismo. Ni se admiten perros ni más polémicas. Quienes no están prohibidos son los fumadores.

Con la reforma, que ha costado un millón de euros, se han eliminado todas las barreras arquitectónicas, se han agrandado los servicios y existe una nueva distribución. Donde estaba la barra ahora hay una vitrina de pasteles de Italia más propia de una joyería que de un bar. El chocolate es la estrella, junto a la pastelería artesana, "de pueblo".

En la carta, 34 especialidades fijas y unas ocho variables. Todo Casa Robles. Las tapas rondan los tres euros, mientras que las degustaciones (raciones) más lujosas tienen nombre con marisco. Se servirán, además, copas de ocho vinos de gama alta, conservados con un sistema especial.

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