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Cofradías

El Beso de Judas no llegó ni a Campana

La salida fue acogida con aplausos que se tornaron en críticas cuando tuvo que refugiarse

el 02 abr 2012 / 19:53 h.

El Lunes Santo comenzó ayer a las 17.15 horas en la Plaza de Jesús de la Redención. La hermandad del Beso de Judas fue la primera del día en salir a la calle. Las puertas se abrieron casi dos horas y media después de lo previsto, tras el anuncio del hermano mayor, José Antonio Moncayo, de que manejaban una predicción meteorológica que auguraba un riesgo de lluvia moderado hasta las seis y una mejoría posterior.

 Una predicción distinta a la del Cecop, que estimaba un riesgo de lluvia del 80% hasta bien entrada la tarde, pero que el público congregado en la plaza y en la calle Santiago dio por buena, a tenor de los aplausos que corrieron hasta la calle Imagen, donde ya había gente esperando por si decidían salir.

Los tramos de nazarenos fueron de tres en tres y a un ritmo acelerado (más de uno miraba al cielo al cruzar el dintel de la puerta). La cofradía asumía el riesgo pero no era cuestión de tentar a la suerte. Les empezó a chispear pero nadie sacó los paraguas. "Son cuatro mijitas, en dos minutos se acaba", relataba por telefóno un miembro de la Junta de Gobierno, que recibía la enhorabuena por la valentía.

De hecho, el misterio del Beso de Jesús salió a la calle, a los sones de Al Señor de la Redención, con el sol fuera. La estación de penitencia iba "por tantas familias que están sufriendo esta crisis, para que sientan con ellos a Jesús de la Redención". Y la primera levantá, aún dentro del templo, la dedicó Francisco Reguera a la hermandad matriz de Almonte, que este año acompañaba a la cofradía. Con los dos costeros cuerpo a tierra para que el impresionante olivo de este paso cruzara el dintel, salió el Cristo de la Redención. De una chicotá hizo la revirá para enfilar la calle Santiago, que recorrió prácticamente de otras dos.

Tras él, los nazarenos de la Virgen salían del templo al mismo ritmo constante que los del Cristo, con las únicas paradas que marcaba el paso del misterio. Algunos pequeños saludaban a los balcones de enfrente. Y la Virgen del Rocío recorrió los últimos pasos hasta el dintel de la puerta al ritmo del tamboril de la marcha que lleva su nombre, la misma que la acompañó, tras la marcha real, en la salida a la calle, bajo un cielo más encapotado pero aún sin lluvia, salvo la de las que la recibieron en la esquina con la calle Santiago mientras sonaba una saeta.

"Hay que darle", se escuchaba entre los diputados de acólitos y los nazarenos de la presidencia. Sabían que el tiempo no era estable, aunque confiaban en que tras una mañana y mediodía lluviosos, hubiera una tregua que les permitiera llegar a la Catedral. Pero no fue así. Con el Cristo en Campana y la Virgen en la Encarnación, la cofradía tuvo que rendirse a la evidencia. Llovía a cántaros. San Gonzalo, la única que había decidido salir, se refugiaba en La Estrella y el resto iban diciendo una a una que no salían. Y el cielo no abría. La Virgen del Rocío se refugió en la Anunciación y el misterio en la vecina Facultad de Bellas Artes. Lo que a la salida fueron aplausos, se tornaron críticas. La cofradía regresó a las 21.00 horas a su templo.

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