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El Betis, en manos de Dios... y de la pegada

El eventual ‘nueve de nueve' que el Betis estaba llamado a sumar entre Albacete, Ponferradina y Las Palmas se quedó en siete puntos, en lo que tuvo que ver el catastrófico arbitraje del Bierzo. Entre medias, patrocinios, el tumor de Miki y la constatación de una verdad: la única solución es luchar hasta el fin.

el 06 mar 2011 / 21:48 h.

Una cosa es evidente y flota por encima de penas y alegrías: el primer equipo del Betis ha recuperado la pegada. Al menos, eso. Con o sin arbitraje lamentable, uno cree que el Betis tenía que haberle metido un saco a la Deportiva Ponferradina (un 0-2 en el primer tiempo no hubiera venido mal): solamente con solucionar esa cita que al final se empitonó, más los seis puntos previstos y logrados entre Albacete y Las Palmas, el equipo ya habría retornado a posición de ascenso. Tras la ruina del Rayo, que ha reaccionado por simple pundonor, ahora le llega al Celta el turno de los titubeos. Se ve claro: libra por libra, el Betis es el mejor equipo de la categoría, algo que ahora sólo puede negar la clasificación tras el insólito túnel de cinco derrotas consecutivas.

 Pero, siendo muy probablemente el mejor equipo, parece que un hilo invisible de mal fario persiga no ya al equipo, sino a la entidad Real Betis Balompié Sociedad Anónima Deportiva (no se olvide)... que no sale de una cuando se mete en otra, sin comerlo, beberlo ni, seguramente, merecerlo. Cuando el equipo enciende la llama de la reacción, surge un mal árbitro canario para hacer de bombero en Ponferrada. Cuando la gente se une en la indignación contra el fraude arbitral, y además se firma algún buen patrocinio, irrumpe la desgraciada noticia de Miki Roqué. Ahora se salva el trauma de la enfermedad del jugador con una buena goleada a Las Palmas. Cabe preguntarse cuál será el próximo inconveniente...

Desde principios de temporada, el equipo del Betis arregló con pegada un problema tras otro, entre decenas. Cuando se esfumó la pegada como chaleco salvavidas, los malos mengues amenazaron con toda su macilenta desnudez, en lo que ya parece una maldición inexorable. Está claro que, por lo que sea, sólo preservar el rendimiento del equipo a cualquier precio puede conducir a un final feliz en esta turbulenta temporada (...). Pegada, pegada y pegada. El resto está en manos de Dios.

 

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