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El Betis se empeña en tirarse al callejón

El Betis tendrá que certificar la salvación ante el Atlético en casa después de que el Espanyol le pegara un soberano repaso. Adiós a las buenas sensaciones que nacieron con la llegada de Josep Maria Noguès y regreso a la angustia. El Betis, otra vez, con el agua al cuello.

el 16 sep 2009 / 01:55 h.

El Betis tendrá que certificar la salvación ante el Atlético en casa después de que el Espanyol le pegara un soberano repaso. Adiós a las buenas sensaciones que nacieron con la llegada de Josep Maria Noguès y regreso a la angustia. El Betis, otra vez, con el agua al cuello.

Fiel a un sino que empieza a resultar dantesco, el Betis volvió a tirarse al callejón después de ser superado con claridad por el Espanyol y de paso desperdiciar, una vez más, una gran oportunidad de dejar sentenciada la permanencia en Primera. Como no podía ser de otra forma, la necesidad del Espanyol arrolló a un equipo que volvió a mostrar un amaneramiento y falta de carácter alarmantes. Otra vez la apatía y el toque insulso, la falta de garra y de velocidad, la escasa precisión y las pérdidas de balón. No hay forma de que acabe esta pesadilla que lleva angustiando al bético desde el otoño de 2005.

Marco Aurelio es esa especie de futbolista que es más importante cuando está fuera que cuando juega. Bien que notó el Betis la ausencia del turco-brasileño en el infame primer tiempo que el equipo hizo en Montjuïc. Todo empezó a torcerse en el minuto cuatro, cuando Iván Alonso aprovechó el enorme espacio que dejaron Capi y Arzu para que De la Peña diera uno de sus pases a Luis García, quien anotó el primer gol. Como si no se supiese que el cántabro es letal con el balón controlado y sin ser presionado en esa zona del centro del campo. El Betis facilitó mucho las cosas a un Espanyol que tras el gol se limitó a esperar a los de Noguès en su campo. A partir de ahí, menuda empanada la que formaron Capi, Arzu y Emana en la medular y menuda imagen la de un Betis descabezado, roto y sin ideas.

El balón era robado en defensa y no duraba ni tres segundos en los pies del trío antes citado, con Edu y Mark demasiado lejos y Oliveira empeñado en una pelea solitaria e inútil. El partido se convirtió en una sucesión de balones perdidos por el Betis para desesperación de Noguès en la banda y de los propios jugadores en el terreno de juego. Y enfrente, un Espanyol ordenadito y poco más. Con tan poco, o tan mucho, según se mire, como un gol a los cuatro minutos, el Espanyol vivió plácidamente hasta que Edu acertó a combinar con Oliveira, quien después de saltar estúpidamente sobre Kameni fue objeto de penalti por parte de Pareja en el minuto 43. Teixeira ni se enteró. O no quiso enterarse. Hubiese sido, para ser justos, demasiada recompensa para un Betis esperpéntico, incapaz nunca de engarzar una jugada con peligro.

más impotencia. El desarrollo del partido dibujó un escenario aparentemente plácido para el Betis, pero sólo en apariencia. La iniciativa fue siempre suya, pero las ocasiones, a la contra, fueron del Espanyol, que por mediación de Tamudo, Román e Iván Alonso contrarrestó el dominio territorial del Betis. Noguès movió bien las piezas con la entrada de Juanma por Capi, recolocando a Emana en el doble pivote y a Edu como delantero. Mejor plantado en el campo, el Betis lo intentó en una internada de Mark González y posteriormente un remate a la media vuelta de Oliveira (le cuesta un mundo girarse al brasileño).

Poco fútbol para tanto dominio, ficticio, como quedó indicado, y sobre todo inocente. Los minutos fueron pasando y sólo un golpe de suerte podría cambiar el sino del encuentro. La providencia no estuvo esta vez con el Betis. En una contra muy bien llevada por Iván Alonso (menudo partidazo el suyo), Román ejecutó al Betis. Ni más ni menos que el curso lógico de los acontecimientos. La salvación no estaba en Barcelona.

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