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El Betis vivió un año para olvidar y cambiar

Empezó 2009 y el Betis ocupaba la posición número 13 en la Liga. Nada bueno podía esperarse del año, pensarían los supersticiosos. 

el 27 dic 2009 / 21:58 h.

Rivas -izq- y Edu -der- se lamentan el día que el Betis bajó

Y no se equivocaron. Casi 365 días después, el Betis está en Segunda, la fractura social es admitida hasta por quienes mandan en el club, 60.000 béticos aún recuerdan que se manifestaron el 15 de junio para exigir cambios en la entidad y la jueza Mercedes Alaya continúa instruyendo la causa contra Manuel Ruiz de Lopera por un presunto delito societario.

Muy poco o nada bueno puede decir el Betis de 2009, el año en que conoció a tres entrenadores, sufrió el décimo descenso de su historia a Segunda y el estadio pide la marcha de su máximo accionista cada vez que hay partido en casa.

Lo curioso, o paradójico, o triste, es que un simple balance numérico del año revela que el Betis, a pesar de todo, ha perdido tantos partidos como ha ganado. Resulta de sumar su medio año en Primera y el otro medio en Segunda, y la extraña cuenta es tal cual: 38 partidos (22 en la máxima categoría y 16 en la de plata), 12 victorias (5+7), 14 empates (9+5) y 12 derrotas (8+4).

Incluso ha marcado más goles (57) que los que ha encajado (52). Pero así es el fútbol, como establece el insufrible tópico. El Betis está en Segunda División, y contra eso no hay nada que hacer.

Hubo hasta mala suerte

Se acumularon en el descenso del Betis, el segundo de la era Lopera, demasiadas circunstancias desgraciadas. La primera, por supuesto, es el paupérrimo rendimiento de una plantilla diseñada para pensar en Europa más que para sufrir: así lo entendió el club, que no se cansó de presumir de haber invertido 35 millones de euros en plena época de escasez en el fútbol español.

La segunda, el desatino en el banquillo: Paco Chaparro no llegó a tener al equipo en la zona de descenso, pero los dirigentes siempre lo cuestionaron; y cuando lo destituyeron, el 6 de abril, no se complicaron la vida y acudieron al técnico del filial, Josep María Nogués, con cero experiencia en Primera.

Ganó sus dos primeros partidos (Racing y Almería), pero desde ahí al final sólo fue capaz de ganar otra vez (Sporting); nunca inspiró autoridad en el vestuario, a pesar de que intentase ganarse a Emana pidiéndole autógrafos (¿?) y cruzándose apuestas, y la reacción inicial se fue por donde había venido.

Con todo lo mal que lo hizo el Betis de Sergio García, Emana, Oliveira, Mark González, Juanito o Arzu, la verdad es que el descenso, a fin de cuentas, se produjo por un cúmulo de resultados y circunstancias que justifican la alusión a la mala suerte. El Betis, al final, bajó por la diferencia de goles respecto al Getafe.

Y no sólo la diferencia de goles: por la diferencia de ¡un gol! Los dos equipos acabaron igualados a todo: sumaron los mismos puntos (42), lograron las mismas victorias (10), tuvieron los mismos empates (12), sufrieron las mismas derrotas (16), empataron en el Coliseum (0-0) y empataron en Heliópolis (2-2).

El descenso fue culpa del goal average: el Betis marcó un tanto más (51/50), pero el Getafe encajó dos menos (58/56). Y por ahí, por ese diminuto detalle, se le escapó la categoría al conjunto de La Palmera.

El descenso del Betis a Segunda se consumó el 31 de mayo después de un empate en casa con el Valladolid en la última jornada (1-1).

Lo tuvo en la mano

Una semana antes, en la penúltima, el Betis ganaba en Málaga y estaba salvado matemáticamente a un cuarto de hora del final del partido, pero un gol de Luque para el conjunto costasoleño (1-1) y otro de Bilic para el Sporting en Valladolid (1-2) acababan con el efímero sueño y aplazaban el desenlace final para la última y nefasta jornada. Son las cosas del Betis.

El hundimiento deportivo del Betis generó una reacción social inmediata e inédita. Los aficionados, hartísimos más que hartos, empezaron a moverse y el 15 de junio celebraron la manifestación más multitudinaria que se le recuerda al beticismo.

60.000 fieles exigieron a Lopera que se marchase. El máximo accionista, como era de prever, no se fue y contraatacó fichando a un nuevo entrenador, Antonio Tapia. También auguró que el paso del equipo por Segunda sería fugaz y se refirió a un futuro brillante, de Liga de Campeones.

Seis meses y medio después de aquel punto de inflexión que fue el 15-J, Lopera sigue donde ha estado los 17 últimos años, la oposición continúa esperando a la jueza Alaya y el Betis de Tapia ni siquiera figura en la zona de ascenso. Y así empieza 2010...

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