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El bisturí llega por fin a Santa María la Blanca

Las obras de restauración empezaron por la espadaña y seguirán en las cubiertas

el 15 feb 2011 / 18:49 h.

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Paulino Plata visitó ayer el templo de Santa María la Blanca.

La iglesia de Santa María la Blanca se va a quedar sin cubiertas, eso sí, cuando pare de llover. Es una de las intervenciones previstas en las obras de rehabilitación que ya han comenzado por la espadaña del templo, al que también se le mejorarán las sujeciones de las bóvedas interiores. Ayer, el consejero de Cultura, Paulino Plata, inspeccionó el trabajo que la empresa Joaquín Pérez S.L. ejecuta gracias a los 823.018 euros aportados por la Junta (80%) y el Arzobispado de Sevilla (20%).

Santa María la Blanca, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento, está considerada uno de los conjuntos más deslumbrantes de la arquitectura andaluza del primer barroco. Si embargo, hace ya años que sufre daños en su yesería, policromía y en su estructura, fundamentalmente por las filtraciones de agua.

De ahí que se iniciase, por fin (el convenio entre la Junta y el Arzobispado se firmó en julio de 2009), los trabajos de restauración de las cubiertas, obras que durarán alrededor de diez meses. El propio consejero admitió ayer que tras estos trabajos de urgencia se tendrán que "abordar más intervenciones, porque hay una zona de la iglesia que estructuralmente está resentida y que ofrece un cierto riesgo".

El templo cerró sus puertas el pasado Domingo de Resurrección cuando las lluvias caídas desde principios del año pasado multiplicaron las goteras y aumentaron las grietas, haciendo peligrar su interior. De hecho, la iglesia está pidiendo a gritos una restauración desde hace ya nueve años. Sólo hay que contemplar las yeserías, guirnaldas, pinturas, frescos, altorrelieves y azulejos que tienen daños.

Plata recordó que este templo fue mezquita, judería y, a partir de 1391, iglesia, así como su "singular" decoración y su "espectacular" yesería. De ahí su "innegable interés turístico".

Sus columnas toscanas de mármol rojo están adornadas con yeserías barrocas (ángeles y motivos vegetales) de Pedro y Miguel Borja (1660), mientras que Pedro Sánchez Falconete se encargó, en 1659, de su riqueza ornamental.

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