Economía

El bloqueo de refinerías y el pulso callejero acorralan ya a Sarkozy

Temor a un desabastecimiento de carburantes y a una parálisis de los aeropuertos

el 16 oct 2010 / 19:39 h.

Empleados del sector público y privado y estudiantes, ayer en la movilización en Toulouse.

Francia vivió ayer una nueva jornada de movilizaciones contra la reforma de las pensiones, con 825.000 manifestantes según el Gobierno y tres millones según los sindicatos, en la novena protesta desde marzo pasado, mientras prosigue el bloqueo de las refinerías.

Éstas centraban el foco de atención del país, pendiente del efecto que el bloqueo tendría en el suministro de combustible, mientras el Gobierno multiplicaba los llamamientos a la calma y aseguraba que no había riesgo de penuria energética.

Las doce centrales del país estuvieron cerradas en los últimos días, lo que provocó que la patronal del sector se viera obligada a hacer uso del producto almacenado. Los sindicalistas bloquearon ayer algunos de estos depósitos, lo que provocó que más de un centenar de gasolineras se quedaran sin suministro.

La situación fue ayer más tranquila, cuando el acceso a los depósitos estuvo abierto, pero el pánico generado entre algunos consumidores que acapararon combustible hizo que éste escaseara en dos centenares de estaciones de servicio.

Durante horas la tensión se centró en el aeropuerto de Roissy-Charles de Gaulle, el mayor del país, donde el oleoducto que alimenta las reservas de combustibles para los aviones estuvo parado y las reservas no permitían garantizar el suministro durante más de 48 horas. Sin embargo, el abastecimiento se retomó durante la tarde.

Según el diario La Tribune, la Dirección General de Aviación Civil había pedido a las compañías que efectúan vuelos de larga distancia que vinieran a París con los depósitos lo más cargados posibles para asegurarse el retorno.

El movimiento que ahora encabezan los trabajadores de las refinerías sigue secundado por los ferroviarios, que mantienen paros en los trenes, así como por los camioneros, que han iniciado movimientos de bloqueo de ciertas carreteras. También están parados los depósitos de gas natural y muchos de los puertos de mercancías del país.

En paralelo a esta situación, la jornada de protesta callejera pareció tomarse un respiro, cuatro días después de la última huelga general y tres antes de la siguiente, al menos si se toman las cifras del Gobierno francés, que consideró que hubo menos manifestantes que en las últimas concentraciones.

La lluvia y el frío fueron las excusas esgrimidas por los sindicatos para explicar que la movilización no fuese a más, aunque las centrales aseguraron que hubo unos tres millones de personas en las calles, tantos como la última jornada de huelga.

El Ejecutivo fue contundente al indicar que la de ayer fue la movilización menos seguida desde septiembre pasado, y según los datos facilitados unas 825.000 de personas acudieron a las más de 200 concentraciones convocadas. Se trata de la primera buena noticia que recibe el Gobierno en relación con la reforma de las pensiones, después de que en las últimas semanas viera cómo nuevos sectores se sumaban al paro indefinido, entre ellos los estudiantes.

El descenso de la movilización es el fruto de la pedagogía del gabinete de Nicolas Sarkozy, indicaron algunos de sus miembros, que señalaron que los debates en el Senado están siendo seguidos por los ciudadanos.

La prueba de fuego. La Cámara Alta de Francia tiene previsto votar la reforma de las pensiones el próximo miércoles, por lo que la víspera los sindicatos han convocado una nueva huelga general. Será la verdadera prueba de fuego para esta estrategia de oposición frontal a los cambios, mientras el frente sindical parece perder su unidad.

Algunos líderes apuestan por incrementar la presión y mantener los paros indefinidos en sectores estratégicos, como los transportes o la energía. Otros consideran que el avance legislativo de la reforma les obliga a cambiar de táctica y negociar con el Gobierno otras concesiones para que la imagen sindical no se vea manchada por un fracaso.

Las protestas han sido convocadas por los sindicatos contra el proyecto de retrasar la edad mínima de jubilación de 60 a 62 años y de 65 a 67 para cobrar la totalidad de la prestación.

Un 57% de los franceses desea una reforma muy diferente a la que se está debatiendo actualmente en el Senado frente a un 27% favorable a "proseguir el debate según la actual propuesta" y una minoría del 16% que aboga por no abordar reforma alguna, según una encuesta publicada ayer por el diario el diario L'Humanité.

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