Cultura

«El boxeo es una metáfora de la existencia»

Pocos lectores de Julio Manuel de la Rosa (Sevilla, 1935) saben que el escritor fue boxeador -sí, como lo leen- durante tres años, allá por la década de los 50. No tardó en colgar los guantes, pero la pasión pugilística permaneció intacta, y se revela a través de una prosa pulcra en Guantes de seda (Algaida), su última novela.

el 15 sep 2009 / 18:28 h.

Pocos lectores de Julio Manuel de la Rosa (Sevilla, 1935) saben que el escritor fue boxeador -sí, como lo leen- durante tres años, allá por la década de los 50. No tardó en colgar los guantes, pero la pasión pugilística permaneció intacta, y se revela a través de una prosa pulcra en Guantes de seda (Algaida), su última novela.

Un mendigo es encontrado muerto en el barcelonés Parque Güell. En su raído bolsillo, dos jardineros encuentran una fotografía de Concha Piquer y un amarillento recorte de periódico que informa de un combate de boxeo. Los jardineros, convertidos en inesperados detectives amateur, se lanzan a tirar de un hilo que les llevará a un asombroso secreto.

Tal es el argumento de Guantes de seda, una novela que De la Rosa concibió "en mis tiempos de aficionado activo al boxeo, aunque otras cuestiones se interpusieron", explica. "Es quizá una obra más abierta que mis novelas anteriores, con ingredientes policiacos, de intriga, que pueden enganchar a cualquier lector, más si es aficionado. La chispa que encendió la mecha fue mi obsesión por las dobles personalidades, la intuición de que un boxeador pueda tener doble vida, y colocar la trama en la España dura y bronca de los años 40, con aquellas Brigadas del Amanecer... En ese contexto, muestro al boxeador como ese juguete roto que los poderosos usaban para su divertimento".

Los seguidores habituales de la obra de este autor se sorprenderán también de que haya ambientado la acción en la Ciudad Condal, una ciudad donde De la Rosa ha pasado largas temporadas. "No hubiera funcionado igual en Sevilla", explica. "Barcelona es más europea, menos chismosa, más abierta. Además, casi todo pasa por allí, y desde luego los grandes combates", agrega.

El sevillano, aunque celebra este aparente repunte que está experimentando el boxeo entre el cine, el arte y la literatura, no se muestra demasiado optimista respecto al futuro de este deporte. "No sé, me alegra mucho que jóvenes creadores le presten atención, pero me temo que el boxeo está prácticamente muerto actualmente. La mayoría de las televisiones lo tienen vetado, los periódicos no informan sobre él. En mis tiempos todo el mundo sabía quién era Joe Lewis, Rocky Marciano, Cassius Clay, Ray Sugar Robinson... ¿Hoy sabe alguien quién es el Campeón del Mundo? Es imposible, entre otras cosas porque hay no sé cuántas federaciones, y cada una tiene su campeón", se queja.

No obstante, De la Rosa defiende la idea de que el boxeo siempre ha inspirado un verdadero subgénero literario, con ejemplos de tanta altura como las historias pugilísticas de Julio Cortázar o Ernest Hemingway. "Sin embargo, las novelas de boxeo se pueden contar con una mano. Está el caso excepcional de los cuentos de Ignacio Aldecoa, con aquel inolvidable Young Sánchez, pero muy poco más".

¿Y qué tiene el boxeo para que tantos artistas, desde Scorsese a Clint Eastwood, y desde Vázquez Montalbán a David Torres, se fijen en él? "Es una metáfora de la existencia, como el toreo. A menudo significa la redención de la miseria y el anonimato hasta alcanzar la gloria, o sea, el sueño de los sueños de cualquiera", concluye el escritor.

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