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El bueno, el feo y el malo

La crisis, los recortes, el rescate y... Rajoy avinagran el carácter a este intachable tecnócrata.

el 17 jun 2012 / 15:03 h.

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Cuando al tomar de sus manos la cartera le dijo a Elena Salgado aquello de te ha tocado bailar con el más feo, los testigos presenciales no sabían si realmente se refería a sí mismo o, cambiando el género, a la fea coyuntura económica. Luis de Guindos tuvo, pues, que aclararlo. Fea, en efecto, la crisis. Feo quedaba, dicho de paso, bailar mujer con mujer, pongo en masculino a la fea, asunto resuelto, y dejo también constancia de que, en este Gobierno de pocos guapos, yo no soy el más feo.

Sí que era fea la situación, más fea se puso y aún más fea se pondrá. De la anterior ministra de Economía nuestro protagonista heredaba un déficit público superior al oficialmente reconocido y, por qué no, de tamaño escandaloso. La encomienda de encarrilarlo le fue confiada a él, y no a Cristóbal Montoro, chincha rabiña, por un Mariano Rajoy que, para tan ardua, mastodóntica y desagradecida tarea, al final se decantó por un tecnócrata y no por un político, el andaluz jiennense, aunque fuera este último quien coordinara la estrategia económica del PP en la oposición. Tú, De Guindos, concibes ideas, tú, Montoro, las pares.

Tecnócrata. Esto es lo bueno, y lo mejor, del titular de Economía y Competitividad. Es bueno a reventar, y hablamos de lo profesional, de lo personal poco conocemos, sólo que está casado, tiene dos hijos -niña y niño, predestinados ambos a continuar la estela color salmón del padre-, juega al tenis, es sufridor del Atlético de Madrid y conserva unas profundas convicciones religiosas aunque sin adscripciones concretas. Jóvenes universitarios, fíjense: Luis de Guindos, ahí donde lo ven, es de esos pocos locos que dejan su puesto de funcionario, cómodo y sin preocupaciones, de horario fijo, para aventurarse en la fría empresa, y después, cual hijo pródigo, regresar como alto cargo al paraguas público, cobrando mucho menos que en el descampado privado. Rara avis, sí.

Su currículum académico, de hecho, no es sólo bueno, sino brillante, una larga ristra de sobresalientes y matrículas de honor y primero de su promoción en la Licenciatura de Ciencias Económicas y Empresariales por el Colegio Universitario de Estudios Financieros (Cunef). Lean de nuevo el nombre del centro educativo. Concluyan que, desde jovencito, a nuestro tecnócrata le gustaba la cosa bancaria, tanto que terminaría por especializarse en finanzas para ser, hoy por hoy, el ministro de los mercados.

No es militante -y esto démoslo también por bueno- aunque eso no quita méritos para ser el ideólogo económico del PP y hombre de confianza de José María Aznar, Rodrigo Rato y Mariano Rajoy. Tres claves para llevarse bien con tres tan distintos: primera, la independencia, segunda, la capacidad de diálogo, tercera, la profesionalidad. Esos aires toscos, dicen, son sólo apariencia, aunque lo cierto y verdad es que últimamente se le está agriado el carácter, será la carga de responsabilidad.

 36 añitos tenía y Aznar, en su primer Gobierno, lo sitúa como director general en el Ministerio de Economía, donde asciende a secretario general y, en 2000, a secretario de Estado. Sus constantes idas y venidas a Bruselas le granjean prestigio internacional. Aquí y en su especialidad financiera estriban los porqués de su fichaje, ya con los socialistas en el poder, por Lehman Brothers, como presidente ejecutivo para España y Portugal. Estamos en 2006, dos años antes de la tormentosa quiebra de esta entidad estadounidense, que esparció por todo el mundo la mierda de las hipotecas basura (subprime), el origen de la crisis financiera internacional que aún hoy sufrimos, y lo que nos queda.

Sí. Esa caída del gigante norteamericano pesaría como una losa en su currículum político, y así se lo recordaron el PSOE, Izquierda Unida y la universalidad de las redes sociales cuando Rajoy lo encaminó hacia Economía. Sin embargo, ninguna mella hizo en su carrera profesional pues, al fin y al cabo, podía ejecutar pero no diseñar los perversos productos financieros cocinados por la matriz bancaria en EEUU. Dos años después de aquel cataclismo, la consultora internacional PricewaterhouseCoopers y la escuela de negocios IEE Business School asignan a De Guindos un centro de estudios financieros. De lo bueno, el ser tecnócrata, un apunte adicional: dilatada experiencia en los manejos del dinero, pero también en cargos empresariales, esto es, en gestión.

Y llegamos al final de la película, de cuyos tres personajes, el bueno, el feo y el malo, los tres reunidos en la misma persona, sólo nos queda uno. Curioso que este hombre que, allá por 2002, recibiera el reconocimiento de la Asociación de Periodistas de Información Económica por su transparencia, claridad, accesibilidad, amabilidad y corrección, anda ahora esquivando preguntas y lanzando menosprecios a la prensa, eh, tú, que a ti no te toca, y adoptando aires de superioridad, tú, que no te enteras. Muchísima tensión soportó el pasado fin de semana cuando el Gobierno de España agachaba la cabeza y por fin, admitía que necesitaba ayuda europea. Y siendo un momento histórico, compareció solo este tecnócrata madrileño de pensamiento liberal, comprometido con la tijera de la austeridad y acostumbrado a decir las cosas por su nombre, no por los eufemismos impuestos por la política. Se le ha avinagrado el carácter, sí, serán los recortes, será el rescate, será la política, será la responsabilidad.

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