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El CAAC recupera más de cuatro décadas de la obra de José Soto

La muestra ‘Campos de color' reivindica esta figura clave en el desarrollo del arte abstracto andaluz.

el 29 may 2012 / 19:53 h.

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El artista sevillano José Soto posa frente a una de las piezas que conforman la muestra Campos de color.

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), ubicado en el Monasterio de la Cartuja, ha conseguido que el artista sevillano José Soto retome la actividad pictórica que abandonó en 1975, gracias a la exposición Campos de color, que reúne hasta el 9 de septiembre 56 piezas, cinco de ellas de gran formato realizadas ex profeso para la ocasión, con las que el pintor ve cumplida una idea que siempre ha tenido en mente, "el crecimiento de la escala".

La muestra, que abre una nueva sesión expositiva en el CAAC, titulada Abstracción postpictórica, ofrece obras que abarcan más de cuatro décadas del trabajo artístico de Soto -la más antigua es de 1969-, que es además profesor de dibujo, comisario y diseñador de exposiciones.

Campos de color fue presentada ayer por el propio artista junto al director del CAAC, Juan Antonio Álvarez Reyes, y los comisarios de la muestra, Luisa López Moreno y Juan Bosco Díaz-Urmeneta. En el acto, Soto explicó que la pieza fundamental "es una escultura de gran formato que arranca de una serigrafía de 1971", en la que quiso mostrar "la expresión del espacio entendida como la relación de los distintos elementos", lo que el pintor llama "espacio continuo, porque se da la vuelta a la escultura y no se termina". Esta pieza ha sido donada al CAAC por el artista.

José Soto es uno de esos artistas muy conocidos en Sevilla, a pesar de que su obra "está escondida en colecciones privadas", según destacó el director del museo. Con esta muestra, el centro ha querido "recuperar su obra de los 60 y 70, porque su pintura abstracta es esencial en el desarrollo artístico andaluz". "Le invitamos y la sorpresa fue que dijo que sí, y nos planteó hacer obra nueva, algo que se salía de la escala habitual", afirma, al tiempo que subraya la "generosidad" del pintor, que ha ido ofreciendo "cada vez más obra".

La obra de Soto conecta con la abstracción norteamericana, especialmente con la llamada color-field painting o pintura de campos de color, tal como la entendió sobre todo el pintor estadounidense Barnett Newman. Con él comparte inquietudes relativas al color y al espacio pictórico, y sobre todo un afán: que la pintura se represente a sí misma sin pretender describir, narrar o expresar.

De este modo, Soto recurre al lenguaje de la línea y el plano pero evitando que el rigor geométrico cercene el ritmo. Crea espacios frontales, sin jerarquía, en los que la exactitud convive tensa con el dinamismo, a lo que ayuda eficazmente el color. Es de resaltar su interactividad, de modo que dos campos vecinos se refuercen en suave contraste. Las finas líneas, que aparentemente dividen esos campos, contribuyen más bien a unificar y dar ritmo a la superficie pictórica.

Además, y en un sostenido diálogo con la pintura, busca matices inusuales: colores que desafían al nombre y que alternativamente hacen avanzar la superficie del cuadro o la remansan en profundidad. Aplica el color además con una técnica propia, con gestos que recuerdan a un sellado, dejando una huella que habla tanto a la vista como al tacto.

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