Deportes

El Cajasol se entrega al Real Madrid sin condiciones

Era una utopía esperar una victoria (56-76), pero sin duda se esperaba otra cosa del nuevo Cajasol. Desilusionantemente parecido al de estos últimos años, con debilidades por doquier.

el 10 oct 2009 / 23:02 h.

Tallar al nuevo Cajasol con los parámetros de este nuevo Real Madrid es tan poco sensato como inútil. La injusticia la marcan los presupuestos de una liga ACB que tiene todos los visos de volver a ese pasado donde los dos grandes apenas si perdían un par de partidos en toda la fase regular. Era una utopía esperar una victoria de los sevillanos en el exilio de Dos Hermanas, pero sin duda se esperaba otra cosa del nuevo Cajasol.

Demasiado parecido, desilusionantemente parecido, al de estos últimos años, con debilidades por doquier, agrandadas sin duda por la magnitud del grupo que dirige Ettore Messina, con dificultad para encontrar puntos fuertes, timorato, sin convicción, entregado. Hubo partido apenas en el salto inicial. El resto fue un paseo blanco. Al menos era exigible que el Cajasol se esforzase en equipararse en intensidad defensiva, pero la disposición fue nula.

A Joan Plaza le queda un trabajo extraordinario, más del que se pudiese pensar a estas alturas, después de las buenas sensaciones de la pretemporada. Pero casi siempre las pretemporadas son engañosas, y ayer la realidad cayó a plomo. De los fichajes nuevos, el que más sorprendió por su bajo rendimiento fue Josh Asselin. Tal vez los problemas con su nacionalización le han descentrado, con el temor de verse devuelto a Manresa y sin equipo. No existió el dominicano. Y de un extracomunitario se espera un papel esencial y ayer pareció un jugador a prueba.

Calloway estuvo voluntarioso, sin más. Aún no ha ganado feeling con sus compañeros, y decidió no asumir riesgos. Se limitó a estar pero no a ser. En buena parte, las dificultades para atacar la canasta contraria estuvieron en ese complejo manifiesto de inferioridad con el que los de la camiseta azul perfumaron el velódromo nazareno. Esa parálisis les llevó a ni siquiera puntear los tiros desde la línea de 6,25 de los blancos, que acribillaron a los locales desde esa distancia, anotando 8 de 12 antes del descanso, como si de un concurso se tratase.

El Caja, en esos veinte minutos de vaivén, sólo anotó ocho canastas (6 de 18 en tiros de 2, 33% y 2 de 10 en triples, 20%) para ganarse incluso los silbidos de la grada al toque de la bocina para el paso por vestuarios. Silbidos por su falta de deseo y su entrega sin condiciones antes de que la guerra empezase. El casillero de valoración ofrecía un pírrico y sonrojante 6.

Kirksay fue el más comprometido, pero su partido también empezó tarde, cuando, tras el primer periodo (11-26), intentó justificarse. Su presencia fue ganando peso, fue metiendo manos aquí y allá, acudió al rebote, y acertó con algún tiro.

Y debutó también Lorbek, dejando ese rastro de dudas, no más que el resto, que hacen pensar a Plaza que no es el fichaje acertado. Ayer le dio minutos para probarlo, y no convenció ni de lejos. Pero ese es un problema menor tal y como están las cosas. De lo conocido (Triguero, Savanovic, Miso, Ellis...) se puede aplicar el dicho reconvertido: más vale lo nuevo por conocer, porque lo conocido...

Duro varapalo. Desde el club se vendió lucha y abnegación como las señas de identidad de este equipo. No hay quien comprara esos términos ayer. Las caras del presidente Juan Carlos Ollero y del director general Leo Chaves en la grada del velódromo delataban desazón. El Real Madrid, vaya equipazo incluso con bajas, les sirve de momento de coartada. Habrá que esperar al jueves en Badalona y el domingo en San Pablo ante el Lagun Aro de Ignerski para temblar o dejar de hacerlo.

  • 1