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El calor no espanta

Domingo de agosto con alerta naranja. Sólo los turistas se atreven a deambular por una ciudad en la que el mercurio es parte del encanto

el 11 ago 2013 / 21:18 h.

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J.M. spino (ATESE) J.M. Espino (ATESE) A las dos de la tarde de ayer se activó la alerta naranja por altas temperaturas con máximas de 40 grados, pero también a esa hora los aledaños del río, la Torre del Oro, la Maestranza, el entorno de la Catedral y el barrio del Arenal rezumaban vida. Mucha vida –prácticamente toda foránea– para la que estaba cayendo. Parejas, familias con bebés incluidos y grupos de amigos deambulaban pertrechados con botellas de agua, sombrero y abanico, pero sin dejar de retratar las estampas de una ciudad huérfana de sus habitantes, repartidos al fresco del aire acondicionado o de la playa. Cuentan quienes viven del turismo –los únicos que no cierran en agosto– que el calor nunca ha sido un enemigo del visitante. Todo lo contrario. “Agosto suele ser el segundo o tercer mejor mes del año para el negocio de los recuerdos, no te digo para hoteles”, apostilla Nacho, de la tienda Sevilla is different, en la que las ventas apenas han bajado un 5% respecto al verano pasado. Y es que hay quien busca la instantánea del termómetro superando los 40 grados como el mejor souvenir. Es el caso de Annie y Martina, dos francesas que forman parte de la excepción, pues han decidido pasar dos semanas en la ciudad para conocerla “con tranquilidad” y no perderse los pueblos de los alrededores. “Somos de Besançon, donde sufrimos los 35 grados”, aclaran. Su caso es infrecuente. Lo habitual es que quienes visitan la capital en agosto lo hagan un día, dos a lo sumo, como parada antes de continuar hacia un destino playero. “Ahora hay mucho turista que elige el Algarve como base y aprovecha para hacer escapadas”, explican varios vendedores de souvenirs. Es por lo que ha optado una pareja de alemanes que, a pesar de haber consultado las temperaturas en el móvil, ha antepuesto la tranquilidad de un domingo al sofocante calor para recorrer los principales puntos turísticos. Teresa y Elsa son dos portuguesas que no llegan a la treintena y prefieren descansar las horas de sobremesa en el hotel. “No tenemos otra fecha para viajar”, explican. El concepto siesta es más fácil de entender así. A pesar del trasiego de visitantes, todos extranjeros, hay quien lamenta, como un quiosquero del entorno, que el turismo se ha hundido en la ciudad. “Hoy (por ayer) es un día raro porque hay gente, pero las ventas en lo que va de verano han caído en mi negocio a la mitad, el año pasado cayeron el 30%”, asevera. José tiene claro dónde está la raíz del problema. “La pérdida de los vuelos de Ryanair se nota mucho. A lo mejor es gente de paso y que no se gasta mucho en comer o dormir, pero sí en las cosas que yo vendo”. Al que todos echan de menos es al turista nacional. Ése que ahora viaja y gasta menos.

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