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El calor no marchita el romero

La calurosa estética de traje y corbata de los Corpus chicos se reedita a pesar de las elevadas temperaturas.

el 26 jun 2011 / 18:04 h.

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La madrugadora salida de la Custodia de la parroquia de la Magdalena rodeada de fieles, con su llamativo exorno floral de un rojo intenso, entreverado de verde.

Ni los trajes de chaqueta, ni las corbatas, ni las vestimentas de terciopelo de los componentes del cortejo de los Corpus chicos, ni siquiera el romero, extendido por el suelo para que desprenda olor al pisarlo, se inmutaron lo más mínimo por la primera ola de calor del verano que vive Sevilla . Las procesiones de los barrios realizaron sus recorridos sin que su preciosismo clásico se viera ni mínimamente alterado, aunque eso sí, sudando la gota gorda al avanzar la mañana.

Era novedad la salida del Corpus de San Vicente, procesión extraordinaria de Las Siete Palabras al cumplirse cinco siglos de la fundación de la hermandad sacramental, que para compartir la fiesta había invitado a todas las sacramentales de Sevilla y a la toledana de Torrijos por ser la más antigua de España.

Llevaba a doce niños bajo las andas prestadas por El Valle para portar a un Niño Jesús de propiedad particular, adornado con una flor pariente de las amapolas de color blanco intenso, y le seguía la Custodia sobre el contundente paso plateado del Señor de la Misericordia de las Siete Palabras, también con flores blancas, claveles entreverados con espigas en forma cónica.

La procesión se recogió justo en hora, para qué alargar la presencia en unas calles que comenzaban a caldearse más de la cuenta, y sin incidentes. "No hemos pasado calor", decía uno de los responsables de las cuadrillas que portaban los pasos, echándole valor al concepto. La gente se arremolinó dentro de la iglesia con tanta prisa, buscando el fresco del interior, que hubo que recordar que la salida procesional aún no había acabado.

La jornada, que ya acumula en su nómina más de una decena de Corpus chicos, vio procesionar también al de la Magdalena , con la que un grupo de señoras de avanzada edad, abanico en mano, aguardaba desde un rato antes en el banco situado estratégicamente ante la última revirá, y a la sombra, que los asistentes buscaban apegotonándose bien junto a la iglesia, bien en la acera de enfrente, dejando libre la franja de sol.

El Niño Jesús con su túnica blanca de bordados multicolores, en su paso dorado con jarras de claveles dorados, y la Inmaculada con su estallido de gladiolos blancos precedieron a una Custodia que lucía un curioso exorno floral rojo intenso, formado por claveles, lilium y anturios, una flor de apariencia plástica con un gran pistilo amarillo muy poco vista en estas procesiones. Cerca del mediodía, la hora en la que el repique de campanas coincidió con el último giro del paso en la esquina antes de entrar en la Magdalena, la gente se fue congregando para ver pasar la sobria comitiva mientras el calor arreciaba tanto que las oleadas de incienso y el calor de las velas empezaban a ser un suplicio.

La jornada incluyó también la salida del Corpus de Triana , con sus cuatro pasos y el mismo recorrido que lleva realizando casi cuatro siglos, acompañado por la Banda de cornetas y tambores Cristo de las Tres Caídas y la de Santa Ana de Dos Hermanas.

Las procesiones de San José Obrero, Nervión, San Bartolomé, Santa Genoveva, San Isidoro, Rochelambert, Los Bermejales, Pío XII y la Barzola, o las de Santa Paula y San Clemente por el interior de sus templos, completaron un año más el mapa de Corpus, que cubrió toda Sevilla.

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