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El camino libre para decidir

Griñán recibe el respaldo masivo de una organización dispuesta a reiventarse. Ya tiene el liderazgo del partido que reclamaba y queda atrás un periodo transitorio de bicefalia que ha dejado algunas aristas.

el 12 mar 2010 / 23:42 h.

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José Antonio Griñán entraba ayer de nuevo en el Plenario de Fibes en torno a las ocho de la tarde sabedor de que el escenario que tanto anhelaba en los últimos meses estaba a punto de cumplirse. Se le veía sonriente y estaba, según confesión propia, un tanto nervioso. Pero ya tenía lo que pretendía. La abrumadora mayoría de votos a favor de su designación como secretario general de los socialistas andaluces -un 99,8% de los delegados presentes ayer en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla- le dejaba el camino expedito para diseñar y ejecutar, tanto en el partido como en la Junta, las políticas y estrategias con las que intentará dar respuestas a la crisis y pilotar la recuperación económica en Andalucía.

 

Quería libertad de movimientos y sus compañeros se la han otorgado de una forma masiva. La bicefalia que tanto le incomodaba, y que ha terminado por ocasionar serias diferencias de criterio con su antecesor que no se pueden soslayar ni calificar de anecdóticas, ya no existe. Es parte de un pasado que ha entrado en la intrahistoria socialista. Un periodo de 16 años de liderazgo de un Manuel Chaves que ha sabido gestionar la paz interna del partido mediante un complejo juego de equilibrios que ha constituido el soporte de las continuas victorias electorales del PSOE en Andalucía.

Pero eso, y por mucho que sea un legado del que no se reniega, ya es pasado. La digestión de la sucesión ha concluido. Y Griñán quiere que se note tanto en su nueva Ejecutiva como en la presumible remodelación de su Gobierno, el segundo por cierto en menos de un año. Ya tiene el control sobre los dos resortes sobre los que pivota el poder político andaluz: la presidencia de la Junta y la secretaría regional socialista.

Hoy se fotografiará con su nueva ejecutiva, no con la que heredó, sino con la que él ha conformado en función de criterios que, según subrayó ayer, se alejan de las disputas en las que se entrelazan los intereses de cada una de las agrupaciones provinciales del PSOE (las famosas cuotas territoriales) y se centran en una elección equilibrada de quienes reúnan méritos y capacidades. Ese ha sido uno de los ejes de sus discursos de ayer, y en la medida en que exista coherencia entre lo que dice y lo que hace podrá mantener y consolidar el voto de confianza de los militantes. Ya tiene el apoyo de partida de todos sus compañeros. Pero será a partir de ahora cuando asuma toda la responsabilidad de lo que se haga.

En cuanto a la confección de su nuevo Gobierno, ha estado casi tan presente como la propia elaboración del nuevo aparato que trabajará en la calle San Vicente. Ayer ya se examinaba cada gesto, cada frase y hasta cada sonrisa o rostro alicaído entre sus consejeros actuales para intentar discernir por dónde oscilan las pretensiones de Griñán con respecto a los cambios que introducirá en su equipo. De hecho, durante buena parte de la jornada, los pasillos del Palacio de Congresos parecían una versión un tanto endogámica y política de los parqués de las bolsas en los que los brokers descamisados se desgañitan comprando y vendiendo acciones bursátiles.

Puras balas de fogueo a la espera de que el presidente autonómico empezara a mover horas más tarde sus piezas en una Ejecutiva que daba el jueves las primeras pistas de los cambios vislumbrados en el Gobierno, como quedaba demostrado con el nombramiento de la consejera de Cultura, Rosa Torres, como presidenta del PSOE-A.

La designación de Griñán, en cualquier caso, pone el cierre a una etapa de cohabitación que ha generado en el seno de la familia socialista una cierta sensación de desasosiego. O para decirlo en palabras de algunos de los delegados presentes ayer en Sevilla Este, de un desconcierto desconocido después de tantos años de bonanza.

Griñán tiene tarea por delante para desterrar estas sensaciones. Y también para conseguir que esa llamada a la confianza tan repetida ayer no se quede en una muestra testimonial de sus intenciones y se convierta en una impresión real trasladable al conjunto del PSOE y sobre todo a la ciudadanía.

Por lo dicho ayer en el atrio socialista, esta apelación a la confianza es casi una obsesión. Para conseguirla, Griñán desplegó ayer todo tipo de recetas contra el desapego, contra la creciente desconfianza y en favor de la recuperación de quienes, perteneciendo a la mayoría progresista que ha consolidado las victorias del PSOE, han terminado por abonarse a la abstención.

A ellos pretende rescatar el PSOE, y para ello, Griñán reclama un partido ilusionado y cohesionado en pos de un objetivo ineludible en los tiempos que vivimos. Algo que, como bien se vio ayer en Fibes, es compartido por quienes representan a la organización política

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