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El camino más corto es en barco

Cosas de la geografía y de los que inventaron las ciudades que resulta que el camino más corto para recorrer Sevilla es el que se hace surcando el Guadalquivir montado en un barco.

el 16 sep 2009 / 00:24 h.

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Ir de la Torre del Oro a la Barqueta pasando por San Telmo y el Quinto Centenario sin escuchar ni una vez un claxon y sin toparse con ningún semáforo en rojo. Cosas de la geografía y de los que inventaron las ciudades que resulta que el camino más corto para recorrer Sevilla es el que se hace surcando el Guadalquivir montado en un barco.

Desafortunadamente, sólo se hacen cruceros por la dársena del Guadalquivir pero aunque tenga que seguir sufriendo los atascos, de vez en cuando puede subir a bordo y contemplar la ciudad desde su río. Eso, que es todo deleite para los sentidos, lo hacen sobre todo los turistas aunque un día cualquiera también puede verse a algún que otro padre acompañado de sus hijos. Para los que es su primera vez no están de más las visitas guiadas por los lugares más emblemáticos del recorrido en barco y por megafonía cuentan historias que esos padres aseguran haber conocido algún día.

Si es de los que se marean y eso le echa para atrás, descuide, que el barco va a la velocidad adecuada para no ponerle en un apuro. Eso sí, vaya sin hambre porque a bordo no hay comida y lo único que podrá llevarse a la boca será alguna de las bebidas de unas máquinas expendedoras.

La vistas desde el barco recuerdan al que las mira que la primavera es la estación más sevillana. Cada crucero dura una hora y en ese tiempo se hace un recorrido que permite divisar La Giralda, dejar a un lado la calle Betis, que es más que nunca seña de identidad de Triana, y al otro la Real Maestranza.

El barco va desde la Torre del Oro hasta el Puente del Quinto Centenario para después regresar una vez se alcanza el del Alamillo. Pasa también por el resto de puentes -San Telmo, Alfonso XII, Triana y Barqueta-, construídos en su día para facilitar el acceso a la Expo 92, la que fuera la mayor exposición celebrada en la ciudad y que convirtió a Sevilla en el centro del mundo durante unos meses. El barco zarpa todos los días cada 30 minutos a partir de las 12.00 horas. El precio son 16 euros así que aunque no pueda usarlo para moverse por la ciudad cada día sí puede darse un capricho de vez en cuando u obsequiar a alguien con este original paseo.

Sevilla se ve distinta desde el Guadalquivir y más en estas fechas, en las que las orillas empiezan a llenarse de vida. Atraída por el buen tiempo, la chavalería le echa valor y se planta a tomar el sol en ropa de baño. Y es que a estas alturas lo del Aquí no hay playa no sirve de excusa para no estar moreno y lucir bronceado en el mes más festivo de la ciudad.

Tampoco tiene precio ver lo que suele ver de refilón a través de la ventanilla de un coche cuando ya va tarde con la brisa dándole en la cara y con las olas que produce el barco al surcar el agua como banda sonora. Siempre puede descubrir rincones que no se divisan desde el asfalto y entender por qué hay quien dice que Sevilla es una de las ciudades más hermosas del mundo.

Desde que Sevilla es Sevilla el río ha formado parte de la vida social de los sevillanos. Fiestas en barco, alquiler de hidropedales, propuestas deportivas,... La oferta es variada y asequible pero la mayoría no ve el momento de hacerlas: "Tengo muchas ganas, pero?", "Algún día lo haré", "Lo hice una vez aunque ya ni lo recuerdo"... ¿Le suena?

Y es que a veces con las prisas, el trabajo y el estrés uno se olvida de donde vive, de lo cerca que tiene lugares que, para verlos unas horas, otros atraviesan miles de kilómetros. Pasear por el centro o visitar la Catedral -esa que visitó hace ya no sabe cuántos años y a la que no se le ha vuelto a ocurrir ir- puede hacer que se sienta como un turista más en la ciudad misma que le ha visto nacer.

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