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El camino que Marta no llegó a hacer

Con los ojos rojos del llanto acumulado, el padre de Marta del Castillo, la joven de 17 años desaparecida desde el sábado pasado, tuvo ayer fuerzas para liderar una marcha a la que se unieron 2.000 personas para pedir su regreso. La manifestación estaba plagada de adolescentes. Foto: Javier Díaz.

el 15 sep 2009 / 21:59 h.

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Con los ojos rojos del llanto acumulado, el padre de Marta del Castillo, la joven de 17 años desaparecida desde el sábado pasado, tuvo ayer fuerzas para liderar una marcha a la que se unieron 2.000 personas para pedir su regreso. La manifestación, que acabó a las puertas de su casa, estaba plagada de adolescentes.

"Yo no me puedo acostar todas las noches con lo mismo, sabiendo que está por ahí", se lamentaba Antonio del Castillo, roto de dolor y derrumbándose a cada frase. Al inicio de la marcha, en Nervión, rodeado de fotos de su hija sujetas por los chavales o plasmadas en decenas de camisetas, dijo que el trabajo de la Policía está siendo "discreto no, muy discreto", lo que desespera a la familia por más que entienda que su mutismo es necesario. Del Castillo, que pidió a la Subdelegación del Gobierno ayuda médica, explicó que un psicólogo ha ido ya a su casa, de la que su mujer no ha salido desde que se perdió el rastro de su hija. "No lo quiero para mí, ni tampoco pastillas, pero sí para mi mujer y mis suegros". Ayer, como durante la misa que el cardenal ofició para confortarlos, la madre de Marta se quedó en la cama. "Yo le digo que tiene que tirar para adelante, que hay dos niñas más por medio", decía en alusión a sus otras hijas.

En la manifestación, nacida en la red social Tuenti, se apegotonaban chavales como Marina, Rocío y María, de 13 años, que no conocen a Marta pero querían "apoyar a su familia". Se van a borrar de Tuenti porque tienen miedo. A falta de datos concretos, muchos creen que Marta contactó por internet con alguien que se la llevó. Por eso estas chicas, que sólo tenían colgadas fotos de grupos de amigos, nada comprometidas, lo van a borrar "todo". "Porque aunque tú tengas un grupo privado para hablar con tus amigos, pueden entrar", temen.

La marcha es un hervidero de rumores: que si han encontrado el pañuelo de Marta por aquí, un zapato por allá, que si tenía o no tenía un novio... la Policía desmiente cada supuesta pista y, aunque ha hablado ya con los familiares y amigos más cercanos, no señala a nadie. Hasta el organizador de la marcha, Francisco José Moreno, pidió ayer que "dejen de llamar los que lo hacen para decir tonterías", aunque dio las gracias a quienes intentan aportar pistas.

Libertad. Entre gritos de Marta del Castillo, Sevilla está contigo; Marta libertad o Marta te esperamos, lanzados a través de un megáfono por amigos de la joven, Eloy defiende que ese riesgo se puede controlar. A sus 15 años, este amigo de Marta del colegio San Juan Bosco pasa unas cuatro horas diarias en internet, entre Tuenti y los programas de messenger. Estima que cada día puede hablar de "todo tipo de cosas" con unas 150 personas, de las que alrededor de 30 son desconocidos que se han ido uniendo a su grupo y ya se han vuelto habituales. Pero no queda con ellos. "Una amiga hablaba con uno que se hizo pasar por un chaval de 15 años, mandaba fotos y todo, y cuando quedó con él tenía más de 30, fue a buscarla en coche. Pero ella no se subió". "Le puede haber pasado a Marta", aventura. Desde que desapareció, sus padres le insisten en que no hable con desconocidos ni quede con ellos.

Mientras la gente pasaba frente a la estación de Santa Justa, una madre y abuela lo contaba desde su lado: "Mi nieta tiene 11 años, que todavía no es edad para salir, pero su padre le tiene una clave en el ordenador para que no entre en internet", dice Antonia, de 60 años. "Yo no conozco nada de eso y me da pánico. Sé que es bueno, pero hay que tener cuidado".

La manifestación llegó casi a las 19 horas ante la casa de Marta en la calle Argantonio, junto a Santa Justa, adonde ella tendría que haber vuelto el sábado. Tras leer un texto en el que se recordaba a otras personas desaparecidas, la familia de Marta se marchó apresurada, con el eco del mensaje que acababan de lanzar: "que Marta regrese cuanto antes con los suyos".

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