Economía

El 'cáncer' del olivo se extiende sn control al 20% del olivar de Sevilla

Se llama verticilosis y está considerada como el cáncer del olivo. Las nuevas plantaciones en regadío están extendiendo la enfermedad por todo el Valle del Guadalquivir. Foto: El Correo.

el 14 sep 2009 / 21:36 h.

Se llama verticilosis y está considerada como el cáncer del olivo. Las nuevas plantaciones en regadío están extendiendo la enfermedad por todo el Valle del Guadalquivir. Preocupación extrema, dada la fácil propagación del hongo que infecta y la inexistencia de métodos eficaces para su control.

La verticilosis se ha convertido en la enfermedad más grave del olivo, y no sólo por su silenciosa pero constante expansión, sino también por la inexistencia de tratamientos químicos con los que frenarla de forma tajante y efectiva. Ni siquiera la amputación vale, incluso puede agravar el problema. ¿Qué hacer? Prevenir se impone, y cuesta caro.

Imagínense una trombosis a la altura del codo. Las venas (vasos) se obturan, la sangre (nutrientes) se bloquea, el brazo (tronco) se entumece, los dedos (ramas) se tornan morados (se secan). El causante, un hongo, el verticillium dahliae, presente en los suelos y muy resistente, perdura durante décadas. La infección, pues, se produce vía raíces, se propaga a través del sistema vascular del árbol y, al final, llega a las hojas, que mueren al igual que el ramaje que las sustenta. Parte médico. Fallecimiento por inanición, de parte del olivo, e incluso del olivo entero.

José Manuel Roca, ingeniero agrónomo y técnico de la patronal Asaja de Sevilla, encuentra tres porqués de la extensión del mal hasta erigirse en el mayor quebradero de cabeza para los olivicultores.

El primero, las nuevas plantaciones sobre suelos no desinfectados, en especial en aquellos próximos a cultivos que tradicionalmente padecían la enfermedad, como el algodón, pero que, a diferencia del olivo, sí tienen pesticidas específicos para atajarla. El segundo, las compras de plantones en viveros, sobre todo de las zonas de vega -más proclives al hongo- ya infectados. Y por último, la práctica de arar y no dejar cubierta vegetal en torno al olivo y la creencia de que cortar sólo la rama seca sana al árbol, cuando lo que conlleva es la caída del patógeno al terreno y, con ello, su propagación.

Pero un cuarto factor aflora, y éste atañe al transporte de algodón, que va dejando en el camino regueros del hongo, y lo mismo ocurre durante el arrastre de los aperos de labranza (al arar, por ejemplo).

Sobre 9.000 olivos inspeccionados en el Valle del Guadalquivir (Sevilla, Jaén y Córdoba), el 20,4% reveló la presencia de la enfermedad, aunque el hongo estaba presente en el 71,1% de los campos analizados. El informe elaborado por José Manuel Roca constata, asimismo, una mayor incidencia en los olivares con riego y en las plantaciones más recientes. Con estos datos en la mano, concluye que la verticilosis del olivo "está muy extendida por el Valle del Guadalquivir".

En boca de todos está el cáncer del olivo, como quedó demostrado en las jornadas olivareras que Asaja celebró el pasado jueves en el municipio de Huévar del Aljarafe. La pregunta más frecuente, ¿y qué hacer? Recomendaciones muchas, y recetas milagrosas, ninguna.

Roca, en este sentido, advierte sobre las empresas de fitosanitarios que comercializan como panaceas productos biológicos que, aunque sí otorgan fortaleza al árbol, "no curan" la verticilosis, al tiempo que el exceso de fertilizantes nitrogenados lo debilita y, por tanto, facilita el que los patógenos campen a sus anchas.

"El olivarero está indefenso", sentencia el técnico. "Pero algo se podrá hacer", replica el sector. Ahí van algunas posibilidades, difíciles unas, otras caras, pero es lo que hay, comenta José Manuel Roca.

Por supuesto, un herbicida "que lo mate todo" sería el ideal, pero bajando a la cruda realidad, están prohibidos en su mayoría y además podrían dañar al árbol. Se impone la prevención antes que la cura. Análisis de suelos antes de plantar.

Método eficaz, la denominada en el argot agronómico solarización. En el caso del olivar consistiría en inundar la parcela en verano antes de la plantación y cubrirla de plástico, para que así las altas temperaturas erradiquen los hongos. Posible para fincas pequeñas, complicado, tanto por el agua como por el coste, si se trata de cientos de hectáreas, como prescribe el doctor Roca.

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