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El candidato a rector defiende un programa y equipo propios

el 23 ene 2012 / 21:24 h.

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En su primer acto público como candidato oficial a rector de la Universidad de Sevilla, el todavía vicerrector de Infraestructuras, Antonio Ramírez de Arellano, marcó ayer distancias con su mentor y, hasta el 23 de febrero, responsable de la institución, Joaquín Luque.

Ramírez de Arellano es consciente de que uno de los flancos por los que puede atacarle el enemigo es precisamente por el de ser un candidato continuista, del aparato, como les gusta decir a los políticos. La respuesta, por tanto, la traía ensayada de casa: "Tengo mis propias ideas. Hablar de continuidad es muy arriesgado". "Apuesto eso sí por la continuidad de la buena gestión", respondió al ser preguntado sobre si repescará a muchos o no de los actuales miembros del equipo de Gobierno. "Quiero mi propio equipo, como es lógico", subrayó.

Aunque en su primera intervención como candidato a rector no quiso entrar de lleno en el asunto más peliagudo del mandato -la paralización de la biblioteca del Prado-, Ramírez de Arellano sí que dejó claro que la Universidad "defenderá" ante el Ayuntamiento y sus técnicos de Urbanismo la inversión pública que allí se ha hecho (más de cinco millones de euros).

El vicerrector de Infraestructuras reconoció que el "periplo judicial" quedó zanjado hace unas semanas, cuando el Supremo hizo pública su última sentencia -fueron muchas las demandas vecinales interpuestas- sobre la biblioteca diseñada por la premiada arquitecta Zaha Hadid. "Ahora toca escuchar y acatar lo que digan los técnicos. No somos unos cabezotas", apostilló.

de técnicos y políticos. Las palabras de Ramírez de Arellano son las primeras que se escuchan de un miembro del Gobierno de la Hispalense sobre este tema en muchos meses, y aunque parezcan una obviedad, introducen matices. El primero de ellos tiene que ver con el hecho de que la Universidad ya sabe que el futuro de lo que hay hecho en la biblioteca del Prado está en manos del Ayuntamiento. La Hispalense podrá defender, como reconoce Arellano, lo ya invertido y, por ende, buscar una salida a, por ejemplo, el aparcamiento subterráneo ya planteado. Pero la decisión final está en manos de Zoido, que ha recalcado en varias ocasiones su deseo: que se restituya el estado original de los jardines. O sea, la demolición.

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