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El candidato de Merkel necesita tres rondas para ser presidente

La pírrica victoria de Wulff evidencia la debilidad del Gobierno de coalición.

el 30 jun 2010 / 20:34 h.

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La canciller alemana, Angela Merkel; y el candidato a la Presidencia, Christian Wulff.

Una clara advertencia para Merkel. La Asamblea Federal eligió ayer en tercera votación y por mayoría absoluta al cristianodemócrata Christian Wulff, hasta ahora jefe del Gobierno del Land de Baja Sajonia, como el presidente más joven en la historia de la República Federal de Alemania.


Un total de 625 de los 1.242 miembros de la Asamblea Federal presentes en el último escrutinio dieron su voto a Wulff, mientras su rival, el independiente Joachim Gauck, propuesto por la oposición socialdemócrata y verde, consiguió 494 apoyos, anunció el presidente de la cámara, Norbert Lammert.


El candidato de la coalición que dirige la canciller alemana, Angela Merkel, falló estrepitosamente en las dos primeras votaciones, ante las manifiestas disidencias en las filas de los partidos en el Gobierno, que contaban teóricamente con una mayoría de 21 votos para imponer a Wulff ya en primera vuelta. Pero un total de 44 representantes de los partidos de la coalición de Merkel -cristianodemócratas (CDU), socialcristianos bávaros (CSU) y liberales (FDP)- negaron su respaldo a Wulff en la primera votación, 29 en la segunda y 19 en la tercera, pese a que esas formaciones contaban desde el comienzo con una teórica mayoría de 21 votos para imponer a su candidato desde el principio.


Las disidencias son una prueba patente de la crisis interna que padece la coalición alemana, sumida en polémicas sobre el programa de Gobierno en aspectos que van de las finanzas a la reforma sanitaria, desde su formación tras las elecciones legislativas del pasado septiembre. La canciller alemana hizo un llamamiento a la unidad y advirtió sobre las consecuencias para la coalición de Gobierno de un nuevo fracaso de Wulff, en una reunión previa a la tercera votación con los representantes de CDU, CSU y FDP.


La tercera vuelta de la elección presidencial, algo que sólo ha ocurrido en otras dos ocasiones, fue un duelo entre Wulff y Gauck, tras la retirada de los candidatos por parte del partido de La Izquierda, que presentaba a la periodista Lukretia Jochimsen, y el ultraderechista Partido Nacionaldemócrata Alemán (NPD), que concurría con el cantautor neonazi Frank Rennikke.


En la primera votación, en la que se emitieron 1.242 sufragios, Wulff obtuvo 600 votos, Gauck 499, Jochimsen 126 y Rennicke 3, mientras un voto fue declarado nulo y 13 delegados en la Asamblea Federal se abstuvieron. En la segunda consulta, con un total de 1.239 votos emitidos Wulff consiguió 615 apoyos, Gauck 490, Jochimsen 123 y Rennicke 3, a la vez que un voto fue declarado nulo y 7 delegados se abstuvieron. En el tercer y último escrutinio, con 1.242 votos escrutados, Wulff recibió 625 respaldos, dos más que la mayoría absoluta, y Gauck 494, mientras 2 votos se contabilizaron nulos y 121 como abstenciones.


Socialdemócratas y verdes hicieron, con vistas a la tercera votación, un llamamiento a La Izquierda y la disidencia en las filas de los partidos del Gobierno para que dieran su voto a Gauck, el candidato independiente que además contaba, según todas las encuestas, con el mayor respaldo popular, aunque finalmente no hubo sorpresas.


Así el hasta ahora primer ministro de Baja Sajonia se convierte en el presidente más joven de Alemania. Desde el lanzamiento de su candidatura tras la dimisión del presidente Horst Köhler -por vincular la participación alemana en la guerra de Afganistán con los negocios-, a Wulff, hombre con reputación de estratega mucho más duro de lo que su eterna sonrisa y suaves maneras hacen pensar, ha tenido que lidiar con la dudas de sus propias filas sobre si era la persona adecuada para el primer cargo representativo del país. Aunque el poder del presidente es fundamentalmente ceremonial -comparable al de un rey en una monarquía parlamentaria moderna, pero por cinco años y reelegible una vez como máximo-, la elección se interpreta como un examen a la popularidad del Gobierno.
De 51 años y desde 2003 al frente del gobierno de Baja Sajonia, el nuevo presidente es hombre avezado en encajar reveses políticos sin abandonar su tono suave. Ahora le hará falta.

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