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«El capitalismo ultraliberal ha muerto. Lo social debe ser la clave»

El nuevo profesor-investigador de la Universidad Pablo de Olavide es uno de los filósofos y pensadores más importantes de Europa. Con un pie en el Mediterráneo y otro en el corazón del continente, remueve en el sillón a los gobernantes, porque señala las contradicciones y los errores. Ahora lo hará desde Sevilla...

el 16 sep 2009 / 00:00 h.

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El nuevo profesor-investigador de la Universidad Pablo de Olavide es uno de los filósofos y pensadores más importantes de Europa. Con un pie en el Mediterráneo y otro en el corazón del continente, remueve en el sillón a los gobernantes, porque señala las contradicciones y los errores. Ahora lo hará desde Sevilla.

-Ahora se nos va a convertir en un sevillano más, gracias a su trabajo para la Olavide. ¿Cuál es el reto que le trae por Andalucía?

-El rector de la UPO, Juan Jiménez, y la vicerrectora, Lina Gálvez, me propusieron trabajar a la creación de un Instituto Andaluz del Mediterráneo. Eso falta en Andalucía. Tenemos una política de cooperación importante con el sur del Mediterráneo, sobre todo con Marruecos. El presupuesto de cooperación de Andalucía con Marruecos es casi más importante que el presupuesto de España en cooperación con el país vecino. El esfuerzo de la Junta es muy notable y esta tierra es un escenario ideal para desarrollar los vínculos y sobre todo para poner en marcha políticas de cooperación entre las dos riberas.

-¿Qué valor añade Andalucía?

-Andalucía puede, como punta más avanzada de la cooperación con estos países, servir como ejemplo al resto de España y Europa. Es su papel natural. Sobre todo porque desde el otro lado del Mediterráneo tiene una imagen simbólica excepcional. Tenemos que organizar este Instituto en torno a temas de cooperación estructural: fortalecer los vínculos entre los actores sociales, favorecer intercambios de personas e ideas, de estudiantes, de técnicos; ayudar a las empresas que quieren invertir en el sur para que puedan contar con las peritaciones de expertos en desarrollo, asociar los inmigrantes al codesarrollo entre su país y España, afrontar también los problemas culturales juntos... Aportar conocimientos no sólo en el campo académico, sino para vincularlos con la práctica de la política euromediterránea que Europa quiere lanzar hoy, en continuidad con la conferencia de Barcelona de 1995.

-¿Su trabajo es compatible con el de Tres Culturas?

-La fundación tiene un papel importantísimo, que gira en torno del encuentro de las culturas judía, cristiana y musulmana. Seguro que nos va a ayudar en este camino. No hay contradicción sino complementariedad. Nuestro proyecto es universitario, pragmático, menos cultural. Me gustaría que la Olavide sea considerada como un punto de referencia en todo el Mediterráneo y en Europa en cuanto a la política de cooperación estudiantil, al codesarrollo, y pueda fomentar el trabajo continuo de cooperación científica. Hay en esta Universidad importantes especialistas, por ejemplo en medio ambiente y economía del desarrollo, y me gustaría que este saber sea compartido con los vecinos del sur. El Instituto busca fortalecer la interdependencia entre las dos riberas, siempre para lo mejor.

-¿Para cuándo tendremos los primeros resultados concretos?

-Espero que en octubre organicemos un primer encuentro sobre el Mediterráneo con gentes de las dos riberas para lanzar el proyecto. El objetivo sería reunir a los principales institutos que trabajan sobre estos temas y poner en marcha una estrategia común, utilizando el capital de conocimiento ya reunido.

-¿Ve a la UPO al nivel de las grandes universidades europeas?

-Lo que veo es una universidad con dinamismo, flexibilidad y una actividad excepcional. Es una buena experiencia para mí. Todos trabajamos con los mismos objetivos, que son profundizar en los niveles de formación, reflexión y conocimiento.

-Estamos en plena crisis. ¿Cree que las políticas sociales van a salir peor paradas que las económicas?

-Hay que ver lo que significa esta crisis, pues es la primera crisis global del capitalismo global. Nunca en la historia del capitalismo hemos conocido, desde el siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial, una crisis tan profunda. El sistema económico está muy interconectado, hay muchas dependencias, y la crisis que afecta al corazón del sistema, a los EEUU, afecta hoy a todo el mundo. Es financiera y económica, no sólo de crédito, y está derivando en una crisis social. Cuando la crisis pasa del espacio financiero al productivo se transforma en crisis social, y cuando se transforma en crisis social, pasamos de la recesión a la depresión, lo que significa el desarrollo del paro a escala planetaria.

-¿Espera que vaya a más aún?

-Con los da-tos de hoy se prevé un auge de 250 o 260 millones de parados, sobre todo en países desarrollados, no porque no los haya en los subdesarrollados, sino porque no se mide el paro de la misma manera. Estamos en una fase de depresión pasiva, tendremos niveles altos de paro pero con las redes de apoyo podemos más o menos no controlar todo, pero sí evitar lo más dañino de la crisis.

-¿Cómo valora las respuestas dadas a la crisis hasta ahora?

-Primero, los gobiernos que han defendido de manera dogmática el ultraliberalismo y cuyo lenguaje era siempre "el estado no puede" ahora llaman al Estado y dicen, "el Estado debe ayudar a los bancos y a las empresas en dificultades". ¿Ayudar para qué? Si se trata de pagar a los que han provocado la crisis, evidentemente es un escándalo. Si se trata de utilizar la crisis para reformar el sistema y hacer que los que han provocado la crisis paguen la crisis, es otra cosa. Es que la salida de la crisis implica también el reparto de las responsabilidades. Y veremos probablemente surgir reivindicaciones sociales importantes.

-¿Estamos preparados para esos movimientos en España?

-No se trata de dinamitar el sistema económico. Pero me parece obvio que el capitalismo ultraliberal ha muerto. Debemos introducir reglas, hacer que lo social sea un elemento clave del desarrollo de la sociedad, controlar al capitalismo especulativo. No podemos salir de la crisis sin relanzar el consumo, dando dinero a las pymes y a los asalariados para poder comprar, crear empleo y calentar la máquina productiva. Los bancos ahora piden dinero pero lo conservan para competir entre ellos; los medios financieros internacionales piden más "flexibilización" de los mercados de trabajo cuando ya hemos alcanzado un nivel de precariedad insoportable, sobre todo en España.

-¿Qué propone para evitar nuevos fracasos?

-No necesitamos precarizar más la situación de los más débiles, sino lo contrario, crear situaciones de trabajo estable, permitir a los jóvenes construir su porvenir, trabajar, educar, poner en marcha políticas de formación? ¿Cómo podemos solucionar el paro? Creando empleo y dando oportunidades para la formación de los parados. ¿Quiénes van a sufrir esta crisis ahora? Las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes, los tres grupos más débiles de la sociedad.

-Los inmigrantes, con el retor-no, parecen más afectados...

-Evidentemente, como los demás grupos débiles. No todos los países van por la misma vía. Los suecos tienen una política diferente: cuando otorgan derechos a los inmigrantes no los retiran, no los quitan. Son derechos otorgados, su política ha sido inteligente, basada en la libre circulación entre su país y los países de origen con los cuales tienen contratos. Su política es de ida y vuelta, venir, trabajar y volverse a ir. Introducen dinamismo, cuando nosotros nos basamos en el cierre de fronteras, la reagrupación familiar, y la expulsión cuando no los necesitamos. Es una política que daña los fundamentos del Estado de Derecho. Si esa gente no tiene los mismos derechos que el resto, significa que el Estado de Derecho sigue inacabado.

Puede leer la entrevista completa en la edición impresa de El Correo de Andalucía.

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