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El cartel de Pepín Bello

Pepín Bello no escribió, ni pintó, ni filmó nada en su vida, que se sepa, pero tuvo a lo largo de toda ella otra capacidad; se le recuerda mucho llevando las maletas de Lorca a la buhardilla del hotel mientras éste gritaba "así cayó Nínive", pero se...

el 14 sep 2009 / 22:38 h.

Pepín Bello no escribió, ni pintó, ni filmó nada en su vida, que se sepa, pero tuvo a lo largo de toda ella otra capacidad; se le recuerda mucho llevando las maletas de Lorca a la buhardilla del hotel mientras éste gritaba "así cayó Nínive", pero se ha reparado menos en él haciendo de interlocutor estático a las reflexiones de Federico en la Residencia de Estudiantes un Jueves Santo por la tarde. Allí, el poeta, invadido por el recuerdo de esos días de la Semana Grande que había pasado con Falla en Sevilla, le dice: "Pepín, ¿por qué no te gusta la cerveza?/ En mi vaso la luna redonda, / ¡diminuta!, se ríe y tiembla./ Pepín: ahora mismo en Sevilla/ visten a la Macarena,/ Pepín, mi corazón tiene/ alamares de luna y de pena?".

El último del 27 tenía la virtud de sugerir, de imantar, de atraer. Era el duende que ponía en marcha maquinarias líricas, pictóricas o cinematográficas. Fue ágrafo pero en El Pinar donde se enclava el edificio de la Institución Libre de Enseñanza, todavía un bosque silente en medio del tumulto madrileño, sirvió de lienzo para que el poeta dibujara uno de los mejores carteles de la Semana Santa sevillana; un destello capaz de transmitir nostalgia, unos trazos con el poder de evocar, de producir emoción. Todo lo contrario, en resumen, de estos carteles adocenados y banales que año tras año se repiten. Gracias, Pepín; la Macarena te lo habrá pagado.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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