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El cartero de Cupido

Ni es Cupido ni un casamentero. Pero es el primero en saber quién se casa en Gilena, que se viste de gala cada vez que hay boda. Rafael Pozo Gordillo lleva 24 años siendo el cartero de cada pareja. Días antes del enlace, reparte, casa por casa, las invitaciones a todo el pueblo. Y es que casarse aquí es toda una fiesta.

el 16 sep 2009 / 07:52 h.

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Ni es Cupido ni un casamentero. Pero es el primero en saber quién se casa en Gilena, que se viste de gala cada vez que hay boda. Rafael Pozo Gordillo lleva 24 años siendo el cartero de cada pareja. Días antes del enlace, reparte, casa por casa, las invitaciones a todo el pueblo. Y es que casarse aquí es toda una fiesta.

Está en temporada alta. Sólo en septiembre le tocan siete bodas. Y en la mayoría tendrá que entregar en torno a un millar de invitaciones. O lo que es lo mismo, le dará un sobre a todas las familias del pueblo. En Gilena se mantiene la tradición de que todos están invitados a las bodas, a no ser que, tal y como precisa este particular cartero, "haya alguno que otro que esté reñido con la familia de los novios".

Su ritual es sencillo. Una semana antes del enlace, ya tiene las invitaciones colocadas en sus sobres. Luego, sale con su saco de cartas y va de una calle a otra con el reparto. Ni siquiera llama a la puerta, para no molestar, a no ser que esté abierta. "Entonces se lo entregó en mano", puntualiza.

El sistema lo perfeccionó desde que se hizo cargo de esta labor en 1985. Hasta hace 15 años, el sobre con el nombre de los invitados lo escribía a mano. "Quedaba con la familia de la novia y a quienes tenían mejor letra les empezaba a dictar uno a uno los nombres de todos los invitados", rememora. Pero eso era mucho trajín. La solución se la puso una amiga, que le dijo que mejor usara el ordenador. Dicho y hecho. Sólo tuvo que incluir en la base de datos el padrón del municipio y ya tenía la lista del 90% de las bodas que se celebrarán en Gilena en los próximos años. Sólo tenía que darle a imprimir para que saliera la etiqueta con el nombre de cada familia para pegarla en el sobre.

Como todo el pueblo se conoce, no suele faltar nadie. "Y todo el mundo cumple", añade, explicando que cada uno pone "su voluntad". Las cantidades no son muy elevadas en el tradicional sobre, pero también es lógico a sabiendas de que la gran mayoría de los vecinos va a todos los enlaces. Sólo este año ya van 25.

Él va a todas las bodas, a no ser que esté "de vacaciones o enfermo". Eso sí, guarda cada invitación desde hace 24 años. En su catálogo no falta una tradición que sí se perdió: las visitas, una celebración que se realizaba meses antes de la boda y que consistía en invitar a una copa a los amigos y éstos, mientras tanto, "aportaban algo para que la novia tuviera un dinero para que amueblara la habitación". Pero esta tradición se perdió en 2001.

Las bodas de Gilena se celebran de marzo a septiembre y van a razón de 1.000 a 1.500 personas. Las cifras suelen ser siempre las mismas, a no ser que se dé un supuesto: que el enlace sea entre alguien de Gilena y otro del vecino Pedrera, que también mantiene la tradición de que la boda es tratada casi como una cuestión de estado. "Entonces sí que se monta grande", confiesa, al tiempo que admite que a quien sea de fuera le resultará "extraña" una celebración tan multitudinaria. Eso sí, "la semana pasada se casó una de aquí con un inglés y sus amigos se lo pasaron de escándalo".

La crisis suele hacer mella en casi todo... menos en las bodas de Gilena. Este año, por ejemplo, se celebrarán cuatro enlaces más que en 2008. Quizá el descenso de unos años para acá, esté más motivado por un salto generacional. Hay menos jóvenes y se casan más tarde.

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