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El caso de Marta necesita prudencia

El caso de Marta del Castillo se está emponzoñando. Y lo estamos haciendo entre todos. De ahí, mi renuencia, hasta ahora, a escribir sobre este asunto de una dolorosa turbulencia, que ha sublevado no ya a la familia, sino a miles de personas. Cierto que, con este artículo...

el 16 sep 2009 / 03:30 h.

El caso de Marta del Castillo se está emponzoñando. Y lo estamos haciendo entre todos. De ahí, mi renuencia, hasta ahora, a escribir sobre este asunto de una dolorosa turbulencia, que ha sublevado no ya a la familia, sino a miles de personas. Cierto que, con este artículo, no predico con el ejemplo, pero lo hago para pedir prudencia. Una prudencia respetuosa e inteligente hasta que se conozca la verdad de lo que ha ocurrido. Porque, lo que hasta ahora sabemos, a tenor de las contradictorias versiones que han ido dando los implicados es que Marta murió la noche en que desapareció y la mataron en el piso del presunto homicida, Miguel Carcaño. Queda todavía por esclarecer la participación de cada uno de ellos como coautores, cómplices o encubridores. No se sabe si Marta murió por un golpe accidental, o hubo intención de matarla, si fue violada o no, o incluso si se deshicieron del cuerpo cuando todavía vivía o ya estaba muerta. Y no sabemos nada de esto, principalmente, porque no se ha encontrado el cuerpo.

Ahí está el meollo de la cuestión. Y hacia ahí es donde debe dirigirse la investigación. Lo que pasa es que el increíble juego de despiste que practican los implicados - y en la razón de por qué hacen esto puede radicar una clave importante - está llevando a un tremendo esfuerzo operativo, como ha sido la búsqueda en el río Guadalquivir, y después en el vertedero. Esfuerzos que, ciertamente había que hacer, y si hubiese nuevas versiones, la obligación sería comprobarlo, aunque, además del costo humano y económico todo ello ha supuesto una tremenda frustración y un cruel ahondamiento en el dolor de la familia.

Los implicados le han mentido a la policía o al juez, o a la policía y al juez, y lo extraño es que personajillos de esa catadura, sin ningún tipo de experiencia en el mundo de la delincuencia, sean capaces de engañar a profesionales de la investigación criminal y de la justicia. Y tampoco es fácil entender qué estrategia, si es que la hay tienen los implicados que, después de confesar el crimen ocultan el lugar donde está el cuerpo. Ahí precisamente puede estar la clave del asunto.

Pero para investigar esto no se puede estar sometido a una presión social, política y mediática, como la que están soportando los responsables de solucionar este caso. Supone uno - haciendo memoria de los muchos años de periodista de sucesos - que muchos de los vaivenes que ha sufrido el curso de la investigación, han venido motivados más por las presiones externas que por los indicios generados por la propia labor policial.

Por eso es preciso retomar la investigación desde el inicio, suponiendo que no se haya hecho ya, pero sin que cada paso que se de, sea objeto de escrutinio público, de discusión social o de debate político. Lo que la familia, la sociedad y la justicia demandan es la verdad. Y a esa verdad no se va a llegar por el ruido y la fanfarria, sino a través de un trabajo policial profesional y eficaz, porque el caso de Marta del Castillo necesita prudencia.

Periodista

juan.ojeda@hotmail.es

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