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El celo policial impidió que los peregrinos se acercaran al paso

El malestar con la organización no eclipsó las emociones de una mañana histórica en Madrid

el 19 ago 2011 / 21:20 h.

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Las medidas de seguridad impideron que los jóvenes pudieran aproximarse hasta el paso de palio para contemplar de cerca a la dolorosa sevillana.

El excesivo celo de las fuerzas de seguridad empañó ayer una jornada que se preveía histórica para los hermanos de los Panaderos. Los miles de peregrinos que se acercaban hasta Cibeles para contemplar la imagen única de la Virgen de Regla bajo su palio se toparon con un fuerte dispositivo que impedía, por medio de vallas, que los jóvenes se acercaran hacia la plataforma donde se ubicaba la dolorosa, limitando la visibilidad exclusivamente al costero derecho.

El enfado de los responsables de la corporación era mayúsculo. Aunque en un principio la organización facilitó que los peregrinos se acercaran hasta el lugar, entorno a las 11.00 de la mañana la Policía decidía cerrar el acceso a la Plaza de Cibeles, como medida de prevención ante la cercanía del altar donde debía ubicarse durante la tarde Benedicto XVI. Desde este momento, sólo voluntarios y personal de la Jornada Mundial de la Juventud pudieron acceder hasta el recinto. El resto, peregrinos y cientos de sevillanos, tuvieron que conformarse con la visión lateral del palio, a 25 metros de distancia, desde Recoletos.

A duras penas, los jóvenes que llenaban de colorido con sus banderas nacionales el epicentro de la jornada conseguían encerrar en sus cámaras una imagen insólita del Víacrucis, la de la única dolorosa. A pesar de las medidas de seguridad, era incesante el discurrir de peregrinos que se agolpaban sobre el vallado, realizando fotografías, orando ante la imagen y mostrando su malestar por las trabas de la organización. "Hemos venido a ver la única Virgen y ahora nos lo impiden", señalaba indignado -no de los de Sol- uno de los jóvenes. Quizás fuera por esto de la distancia que más de uno aún seguía preguntándose cuál era esta dolorosa, confundiéndola con la Macarena e, incluso, con la Virgen de Regla de Chipiona.

El calor también jugaba una mala pasada. A media mañana se hacía casi insoportable resistir al sol, ante las altas temperaturas que sofocaban el entorno de Cibeles. Precisamente por ello, el dosel que resguardaba a la Virgen de Regla fue cubierto con una tela en tono blanco, completamente opaca, que primero por el costero izquierdo y luego por el frontal, fue encerrando el palio y dificultando su visión a los peregrinos. Pero la cosa no quedó ahí. Ante la sorpresa del hermano mayor, Emilio Santiago, la instalación de un grúa con los focos para la retransmisión televisiva del evento les había arrebatado una parte del espacio con sillas destinado para los hermanos.

Por encima de ello, la mañana deparó otros momentos de satisfacción. Antes de que se limitara el paso del público, el coro de jóvenes de la hermandad del Rocío de Triana rezó con sus cantos ante el paso de palio. Un hermoso detalle que les agradeció la hermandad y que llenó de recuerdos sevillanos la jornada. Testigos de honor fueron el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y el concejal de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, que incluso se atrevieron a acompañar con palmas. Ya avisó que iría a Madrid a "presumir de hermandades y de tradiciones".

En un bonito gesto, el hermano mayor colocó la medalla de la corporación trianera en la delantera del palio de la Virgen de Regla. Quedaban más emociones. El presidente del Consejo de Cofradías, Adolfo Arenas, encabezó otra de las visitas que recibió la imagen sevillana. Junto a él, llegaron casi todos los miembros de la Junta Superior, acompañado de varios delegados de día, como el del Miércoles Santo, Mateo Gónzalez. Así avanzó la mañana, entre oraciones y plegarias, dedicadas a la Virgen de Regla, la dolorosa que en nombre de Sevilla aguardaba un tarde histórica en la que el Papa estaría junto a ella.

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