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El Central estrena 'Cenizas', una reflexión en danza sobre la pérdida

El coreógrafo belga Koen Augusti- jnen (Mechelen, 1967), uno de las puntales de la danza contemporánea europea, presentará hoy y mañana en el Teatro Central, en estreno absoluto para España, su último montaje, Ashes (Cenizas), una producción de Les Ballets C de la B que combina la danza con elementos del teatro, acrobacias y música clásica.

el 16 sep 2009 / 02:46 h.

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El coreógrafo belga Koen Augusti- jnen (Mechelen, 1967), uno de las puntales de la danza contemporánea europea, presentará hoy y mañana en el Teatro Central, en estreno absoluto para España, su último montaje, Ashes (Cenizas), una producción de Les Ballets C de la B que combina la danza con elementos del teatro, acrobacias y música clásica. El espectáculo aborda desde un punto de vista conceptual cómo se enfrentan las personas ante la pérdida de un ser querido o de algo material relevante en sus vidas.

"Reproducimos sobre la escena el microcosmos que las personas crean a partir del sufrimiento que les genera una pérdida. Analizamos esta catástrofe y cómo se reacciona ante ella: aceptándola y superándola o aferrándonos a algo que ya no existe", explicó el coreógrafo ayer en rueda de prensa. "Aunque no es una historia narrativa, hay una representación teatral a partir de la danza que tiene como hilo conductor las reacciones humanas ante las pérdidas", añadió.

La base del espectáculo, basado principalmente en la danza, la pone la música de Haendel.

En total habrá ocho bailarines sobre el escenario, uno de ellos acróbata, y siete músicos, dos cantantes -una soprano y un contratenor- y cinco instrumentistas -acordeón, violonchelo, laúd, marimba y violín-. Todos interactuarán en el escenario y serán los encargados de recrear la emoción producida por una pérdida.

Augustijnen, creador y coreógrafo de la obra, también se subirá al escenario, pese a que no estaba previsto. Uno de los bailarines ha sufrido un accidente, por lo que Koen cubrirá su puesto.

Augustijnen explicó que un inspiración para este montaje fue una fotografía de un pueblo cubierto de cenizas por la erupción de un volcán en Filipinas en 1991. "La escena mostraba los resultados de la catástrofe, todas las casas del pueblo cubiertas de ceniza, teñidas de color gris, contrastando con los colores intensos de las ropas de la gente que asomaba en sus casas", de ahí el título de la obra, ya que "las cenizas son el símbolo de algo que perdido".

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