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Cultura

El hollín vuelve a Triana

El arrabal sevillano recupera parte de su historia alfarera con la creación del Museo de la Cerámica en la antigua fábrica de Santa Ana, que ayer inauguraron el alcalde y la presidenta de la Junta con el objetivo de atraer al turismo al barrio

el 29 jul 2014 / 14:01 h.

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14.07 29 Museo Ceramica.Triana 3 No había mujer en el barrio de Triana que no supiera que todos los jueves tocaba retirar los tendales y recoger la ropa para impedir que acabaran tiznadas de hollín. Esto ocurría hace más de 30 años en el arrabal sevillano, donde la antigua fábrica de cerámica de Santa Ana encendía sus hornos el cuarto día de cada semana para cocer las lozas que fabricaban sus artesanos con las arcillas que arrastraba el Guadalquivir hasta aquella orilla de la ciudad, que con esperanza veía en esta industria una oportunidad de desarrollo económico y, ya en aquella época, turístico. «Hasta aquí llegaban los coches de caballos cargados de extranjeros, que querían ver cómo se fabricaban los cacharros y las vasijas y comprar algunas de recuerdo», rememora Antonio Campos, un trianero de toda la vida que, a sus 65 años, no quiso faltar ayer a la multitudinaria inauguración del nuevo Centro de la Cerámica de Triana, un museo dedicado a esta tradición, que la Junta y el Ayuntamiento han puesto en marcha recuperando la antigua factoría de Santa Ana y rescatando esta parte de la historia de Sevilla. La factoría de la calle San Jorge se convirtió en emblema de este pujante sector, que echó raíces en el barrio durante casi todo el siglo XX, dando fama y ayudando a consolidar la marca Triana. Con el paso de los años, la tradición alfarera se fue apagando, reduciendo este arte a unos pocos talleres de la calle Castilla, dejando muchas de las antiguas fábricas a los pies de la piqueta. Santa Ana se salvó, gracias a una decisión urbanística cargada de sensibilidad patrimonial, que trazó el objetivo de convertir este edificio en un templo consagrado a la memoria del arrabal. «El encargado de prender cada jueves estos hornos se llamaba Antonio Fernández Cruz, y las columnas de humo que salían de aquí se divisaban desde toda Sevilla», recuerda Juan Morón Morales, vecino del barrio de 75 años, conocido por su histórico negocio de zapatería Calzado la Valenciana. «Cuando el alfar cerró, como cerraron muchas otras cosas en_Sevilla, se notó bastante en el barrio. Este museo es una forma de recuperar aquel pasado y, de paso, el turismo», señalaba ayer este veterano trianero, que se mostraba sorprendido ante la «maravillosa» transformación de los edificios que componen el centro. Un cuidadoso proceso de rehabilitación, dirigido por los arquitectos Miguel Hernández Valencia y_Esther López Martín, ha conseguido preservar numerosos elementos originales de este alfar, incorporando nuevas estancias contemporáneas. La planta baja conserva las viejas instalaciones fabriles, como los hornos históricos, algunos de ellos del siglo XVI, el pozo de agua, los depósitos de arcilla, las molinas de minerales, las almágenas –recipientes para guardar los pigmentos–, o el torno o las tablas de oreo y secado, todo ello acompañado de paneles y filmaciones explicativas en español e inglés. En la planta alta se ha instalado un pequeño museo, que ofrece un recorrido histórico por el arrabal, además de una sala de exposiciones temporales y la colección permanente, que abraza la producción ceramista, desde la Sevilla almohade del siglo XII al momento clave de esta industria, la Exposición_Iberoamericana de 1929. Aquí están las piezas de propiedad municipal, que permanecían almacenadas en otros museos, parte de la colección de Vicente Carranza, las lozas del convento de Santa Clara y algunos originales de Pickman y de la misma Santa Ana, ejemplos de artesanía trianera del siglo XX. El catedrático de Historia del Arte Alfonso Pleguezuelo se ha encargado de seleccionar y dotar de discurso a la colección, en un proceso que ha incluido la restauración de algunas obras nunca vistas antes. Él fue ayer el encargado de ofrecer una visita guiada a los representantes institucionales que inauguraron –con meses de retraso sobre la fecha inicial– este museo, que ha costado 4,2 millones, financiados al 60 por ciento por la Junta, y al 40 por el Ayuntamiento, dentro de los proyectos del Plan Turístico firmado entre ambas administraciones en 2006. La presidenta andaluza,_Susana Díaz, el alcalde de la ciudad,_Juan_Ignacio_Zoido, y el presidente de la Confederación de Empresarios de Sevilla (CES), Miguel Rus, fueron los encargados de descubrir la placa de cerámica inaugural. Susana Díaz, que además es de Triana, recordó cómo hace una década el barrio y el Consistorio se movilizaron para evitar que Santa Ana fuera víctima de la «especulación», en una época en la que comenzaban a desaparecer antiguos alfares y corrales para levantar nuevas viviendas. Gracias a aquello, nace ahora este centro, que «resume el magisterio de los alfareros y la historia de la cerámica y de Triana», y que promoverá «el turismo cultural y el desarrollo económico» de la zona. «Se ha cumplido el anhelo de los trianeros, que durante tantos años han mantenido vivo este arte», dijo. Zoido centró su discurso en la cooperación de las administraciones para abrir el museo. «El patrimonio cultural es una alegoría del consenso», dijo invitando a la Junta a seguir en esta línea. Miguel Rus, por su parte, instó a realizar más acciones de este tipo para expandir «lo mejor que tenemos». Al acto asistieron más de cien invitados, entre vecinos e instituciones relacionadas con Triana, el consejero de Turismo, Rafael Rodríguez, el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos, y concejales de todas las fuerzas políticas.

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