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El Cerro, un barrio volcado con sus romeros

La hermandad rociera del Cerro del Águila emprendió ayer por la mañana su camino hacia la aldea almonteña con sus alforjas repletas de ilusión, devoción y peticiones para la Blanca Paloma. Como cada año, se reeditaron las estampas de siempre: la misa de romeros, los cohetes bien temprano llamando a rebato a los parroquianos, y los vivas y sevillanas a cada paso que daban.

el 16 sep 2009 / 03:25 h.

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La misa de romeros comenzó con algo de retraso en El Cerro del Águila. Suficiente para que en 20 minutos se llenaran los huecos de la parroquia de Los Dolores para escuchar la homilía dirigida por el párroco Alberto Tena, antes de que los peregrinos de la hermandad del Rocío salieran del barrio. Precisamente fue a barrio lo que se respiraba en el templo. En este caso, los vecinos cumplieron con una de sus hermandades en su día grande, e incluso la temprana hora de la misa -las 8.00 horas- no fue excusa.

Tampoco para el delegado de Movilidad, Francisco Fernández, criado en El Cerro, y sentado en el primer banco de la parroquia. "Este año he visto más gente que nunca, se nota que la gente se vuelca en las grandes citas. Y más en este año de tanta dificultad para muchas familias de aquí".

Fernández se refería, entre otras cosas, al número de parados, que ha aumentado en El Cerro con la crisis. Pero esta circunstancia no era excusa para quedarse en casa y no ir a El Rocío, como ejemplifican Julián (un año en paro) y Rogelio (dos meses desempleado). Ambos coinciden en lo mismo: "Mientras estemos vivos, no faltaremos ni un año a El Rocío", para lo que se han esmerado ahorrando con el poco dinero que ingresan. María también pretendía hacer el camino, pero para pedir a la Virgen por sus tres hijos desempleados.

Tras la ceremonia religiosa, los bolleros colocaron bien la carreta en la calle para facilitar el acceso del Simpecado. El estandarte salió a las 9.27 horas, precedido de un pequeño cortejo de hermanos con el sonido de las campanas de fondo y bajo una gran nube de pétalos y claveles, que se fundían con seis vivas. Una vez puesta la máxima insignia de la corporación, los padres aprovecharon para bautizar en clave rociera a sus hijos subiéndolos a la carreta para que el diputado mayor de Gobierno les hiciera tocar el Simpecado.

Como Rocío, de cuatro meses. Su padre, Luis Linares, muy emocionado, aseguraba que la cría ya era rociera "desde la barriga".

Con los cohetes y la música del coro, el barrio partió cantando camino de El Rocío, no sin antes hacer la parada obligada en el colegio del Matadero, donde un grupo de alumnos interpretó con sus flautas la salve rociera. Una buena melodía para que los romeros cerreños entraran en calor.

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