Cultura

El Cid, herido en una bochornosa corrida con oreja para Castella

Tenía El Cid una deuda pendiente con esta ganadería, uno de cuyos toros le puso en evidencia en la pasada Feria de Sevilla allá por el mes de abril. Un buen toro que le hizo daño en su trayectoria, pues no estuvo entonces el torero a la altura de las circunstancias.

el 16 sep 2009 / 05:30 h.

Tenía El Cid una deuda pendiente con esta ganadería, uno de cuyos toros le puso en evidencia en la pasada Feria de Sevilla allá por el mes de abril. Un buen toro que le hizo daño en su trayectoria, pues no estuvo entonces el torero a la altura de las circunstancias.

Y ahora estaba empezando a recuperarse. Una gran actuación en Burgos hace apenas diez días marcó el inicio de lo que empezaba a ser otra vez su irresistible ascensión.

Sin embargo, al encontrarse ayer en Pamplona con otro astado de esta misma divisa, las cosas se le volvieron a torcer. Un serio percance en el segundo muletazo, cuando lo estaba probando. El toro fue certero, dejándole fuera de combate. Dos cornadas, una en la pierna izquierda y otra en el escroto.

Obligado mano a mano. Se hizo cargo Castella del toro agresor, que después no fue nada en la muleta, sin codicia ni empuje. Las series tuvieron que ser necesariamente cortas para que el toro aguantara. Sin entrar en profundidades, casi sin terminar de armar faena, Castella lo mató sin más.

El tercero, segundo de los tres que liquidó el francés, fue toro mentiroso. Manso y con mal estilo en varas. En la muleta embistió al revés, es decir, de abajo a arriba. La faena, fundamentada en el pitón derecho, tuvo poca consistencia. Si acaso por el izquierdo, precisamente por donde menos insistió el torero, hubo algún muletazo largo y con sabor, pero sin continuidad. Buscó Castella al final el toreo de cercanías, cortándole el viaje al toro, pero sin llegar al parón. La estocada fue buena. Y el palco, muy generoso, le dio una oreja pedida con más voces que pañuelos.

Prometió el inicio de faena al quinto, con un triple pendulazo y una primera tanda por la derecha en la que el toro fue muy metido en la tela. Pero se impuso pronto la mansedumbre del astado, que buscó las cercanías de chiqueros, sucediéndose a partir de ahí los enganchones ya que el toro no terminaba ni de pasar ni de humillar. Además, Castella mató mal.

El percance de El Cid alteró el orden inicialmente previsto de salida en los toros, lidiando Manzanares en segundo lugar el que iba a ser primero de su lote. Un toro suave, que descolgó, pero quedándose cortito en el viaje. Manzanares lo toreó en series cortas y sin estrecheces, sin decir nada.

El cuarto tuvo hechuras de novillo y andares de borrico. Un buey en toda regla. Le costaba seguir los engaños, naturalmente sin humillar lo más mínimo. Y en cuanto pudo pregonó su condición de manso echándose con descaro. Ni coleándole había forma de levantarlo. Se pusieron de acuerdo el torero y el presidente para que fuera apuntillado, levantándose en ese mismo momento, y acabándose la farsa cuando Manzanares metió la espada a la primera.

El sexto animal, a punto de cumplir seis años, era una raspa. Vaya envío. Fue sin embargo uno de los pocos toros con cierta clase, aunque Manzanares lo toreó superficial, por la variante, desarme incluido en las postrimerías.

La corrida, pese a la oreja que paseó Castella -trofeo barato, quede claro-, fue un dechado de despropósitos, fundamentalmente por parte del ganadero y del veedor de la Santa Casa de Misericordia, cada vez menos santa y menos misericordiosa, a la vista está.

El diestro fue operado en la enfermería de la plaza de dos cornadas de pronóstico "menos grave". El parte médico, firmado por el cirujano jefe de la plaza, Ángel Hidalgo, recoge una "cornada con dos trayectorias, una superficial y otra ascendente, en la cara anterior del muslo izquierdo con trayectoria de 10 centímetros, que afecta tejidos musculares además de otra cornada más que le atraviesa el escroto. Pronóstico menos grave. Trasladado al Hospital Virgen del Camino de la capital navarra".

El Cid fue cogido en el segundo muletazo por el lado derecho. El toro fue certero y en el primer derrote le lanzó por los aires, propinándole la cornada en la rodilla. Y una vez en el suelo, el animal volvió a hacer por él, infiriéndole una tremenda paliza, además del puntazo en el escroto.

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