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El coche que hiberna

Cuando el profesor Francisco Miguel de la Puente-Herrera descubrió el Cercanías guardó en el garaje el coche que se acababa de comprar para ir todos los días a Utrera. Cinco años después, este vecino del Cerro del Águila trabaja en Brenes. Y va en tren a diario.

el 14 sep 2009 / 22:37 h.

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Cuando el profesor Francisco Miguel de la Puente-Herrera descubrió el Cercanías guardó en el garaje el coche que se acababa de comprar para ir todos los días a Utrera. Cinco años después, este vecino del Cerro del Águila trabaja en Brenes. Y va en tren a diario.

De hecho, en sus solicitudes de traslado prioriza las poblaciones con estación de tren. Todos los días coge el tren en el apeadero de San Bernardo, donde llega en autobús: apenas 10 minutos con la línea 26 de Tussam. Espera al tren cinco minutos -"a veces siete, puntualiza"- y 20 minutos después se baja en Brenes, cuyo Instituto Jacarandá está muy cerca de la terminal.

De vuelta, al mediodía, realiza el camino inverso hasta regresar al Cerro del Águila, un barrio que, gracias a su dominio de las líneas de autobús, no considera periférico.

Para ir al centro, donde realiza una activa vida vespertina en varias hermandades de Semana Santa, toma siempre de nuevo el 26, y en el Prado de San Sebastián hace transbordo al tranvía, que él llama con ironía "el tren de la bruja". Reconoce que no está mal ahorrarse una caminata, aunque echa de menos el más rápido trayecto antiguo del autobús, que también lo dejaba antaño en la Plaza Nueva de Sevilla de un tirón y a mayor velocidad.

Más raramente el 2 lo deja en la Alameda de Hércules, aunque casi todos sus viajes acaban frente a la casa consistorial. De ahí se desplaza caminando a ver a amigos, a la Casa del Libro, al cine o a las sedes de sus hermandades.

Del proceso de peatonalización no le gusta el acabado estético de las calles del centro de la capital hispalense: "Lo que hecho de menos son árboles en la Avenida de la Constitución y temo que talen el laurel de indias de la Encarnación para la construcción de las setas".

Pero ni se le ocurre desplazarse en coche por la capital hispalense para trabajar, y eso desde antes de que al Ayuntamiento de Sevilla se le ocurriera promover el transporte. Guarda intacto su automóvil en un garaje a pocos metros de su vivienda. Sólo lo coge para ir a la parcela de la familia, en la carretera de Utrera y entre los términos municipales de Alcalá de Guadaíra y Dos Hermanas. Pero sólo acude allí en verano, con lo que su Skoda pasa los meses fríos literalmente hibernando. De todos los modos de desplazamiento no contaminantes el único que no le convence es la bicicleta, ya que apenas pudo utilizarla de adolescente: hace 10 años eran relativamente frecuentes las noticias de atropellos de ciclistas y sigue pensando que es una temeridad saltar a las calles con el vehículo a pedales.

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