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El color de España

Somos tan complejos que no es fácil atribuir características comunes a los habitantes de la piel de toro. El franquismo y algunos de sus antecesores lograron un hito en su historia: si un forastero se imaginaba a los españoles, pintaba un torero, un tío con un trabuco a caballo...

el 15 sep 2009 / 01:08 h.

Somos tan complejos que no es fácil atribuir características comunes a los habitantes de la piel de toro. El franquismo y algunos de sus antecesores lograron un hito en su historia: si un forastero se imaginaba a los españoles, pintaba un torero, un tío con un trabuco a caballo, una flamenca y casi seguro que comiendo una paella y un gazpachito. La democracia ha vuelto a poner las cosas en su lugar y hoy, afortunadamente, un jotero, la butifarra, un tío con boina partiendo leña o tirando un pavo desde un campanario, ocupa sólo su sitio merecido en los pueblos de las santas y puñeteras madres que los parió, sin salpicar al resto de la parroquia. Sin embargo, después de tanto sesudo pensador en busca de las ignotas esencias comunes de la España sin hacer -y sin letra de himno- resulta que sí hay algo que nos une: el color; España es rosa: ni roja, ni azul, ni púrpura. España se afana estos días en descubrir la identidad de la niña de Rajoy. ¡Pelotazo! ¡La tengo!, gritaba alborozado un productor entrando a patadas en la redacción de su tele. Lo mismo, el jefe de marketing de una afamada marca de yogures y otro de otra de preservativos.

La buscan en Freixenet y para la moda joven de El Corte Inglés, Sobrevivientes; pero, sobre todo, le buscan novio para que cuente el romance, los devaneos, la boda, los líos y los divorcios. ¿A qué se dedica el padre? ¿Es del PP? ¿A qué colegio va? ¿Hace este año la comunión? Fuentes de toda solvencia aseguran que es un clamor que la niña existe, que es mentira que sea hija de un inmigrante rumano y que devora cada día con fervor las cartas que le escribió Aznar a su hermano Santiago.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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