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El compás de Arcángel templa la noche en la Catedral

El "imponente" escenario, el altar de plata de la seo hispalense, retrajo al público que, sin embargo, siguió entusiasmado el cante del onubense.

el 21 dic 2012 / 00:06 h.

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"Entran ganas de bailar", comentaba una señora de la primera fila escuchando los villancicos flamencos de Arcángel. Con el pie, con las palmas, tímidamente, y con todo el cuerpo cuando no pudo resistirse más, siguió los compases del onubense que llenó con su voz la Catedral. Pero el sitio impone -"este escenario es imponente", comentó el cantaor en las pocas palabras que dirigió al público-, y ni él ni su cuadro flamenco ni sus incondicionales se atrevieron a ir mucho más allá. El arte y el pellizco fueron calando y desde dentro se caldeó la gélida noche entre los muros catedralicios.

Tanto era el respeto con el que se siguió el Concierto de Navidad organizado por El Correo a beneficio de Cáritas en el interior de la seo, ante el altar de plata presidido por la Virgen con el Niño Jesús, flanqueada por San Isidoro y San Leandro, que Arcángel llegó a confesar: "Este silencio abruma un poco", además de que delante, arropándole desde la primera fila, se encontraban grandes artistas a los que "admiro". Matilde Coral, Cristina Hoyos, Pedro Ricardo Miño, y sus padres Ricardo Miño y Pepa Montes, y José Antonio Jiménez, entre otros, y grandes entendidos como el rector de la UNIA, Juan Antonio Suárez Japón; Paco Esquivel, presidente de la Peña Flamenca la Niña de los Peines, y los críticos Alejandro Medina y Manuel Bohórquez premiaron con sus aplausos cada una de las coplilla, desde las verdiales a los fandangos -que recorrieron Huelva desde Alosno a Almonte-, el Gloria al recién nacido o los campanilleros que interpretó el onubense.

Por eso al final supo a poco la hora larga de flamenco del bueno que se vivió ayer en la Catedral. Y aunque la única voz que sobresalió de entre el público, además de reiterados olés, fue para gritarle "guapa" a Estrella Morente, que acompañó al onubense como invitada, más de uno habría pedido un bis al compás si el escenario hubiera sido otro, quizás no recuerden que, desde el majestuoso órgano, Ayarra interpreta los villancicos populares cada Nochebuena y tocó las sevillanas del adiós seguido por las palmas del público tanto para despedir a Juan Pablo II como al cardenal Carlos Amigo.

Terminado el cante, alejado del repertorio propio del artista, tomado del que "hacemos en casa de fiesta con la familia y los amigos", el director de El Correo, Juan Carlos Blanco, agradeció, al igual que Arcángel, a la Catedral "la acogida, la disponibilidad y las facilidades". Los colaboradores, la Obra Social La Caixa, representada por Germán León López, y PB Integra y Carbón Puerto, a quien representó José Antonio Pernía Guerrero, entregaron al onubense y a la granadina sendos recuerdos de este concierto irrepetible: una réplica de la plaqueta de la Puerta del Perdón de la Catedral y un alfiler con el aldabón de la misma entrada a la antigua mezquita, labrados por el orfebre Fernando Marmolejo.

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