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El Correo lo contó con orgullo y moralina

El diario dio cuenta de la apertura de un espacio sin «nada que envidiar a los más famosos parques europeos» y alertaba contra el vandalismo.

el 17 abr 2014 / 23:30 h.

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Imagen 20140416_173329aaHay cosas que en esta ciudad parece que nunca cambian, así que pasen cien años. Tal día como hoy, El Correo de Andalucía daba cuenta de la apertura al público del Parque «que la augusta y virtuosa infanta María Luisa donó a Sevilla». Y dos cosas llaman la atención en la crónica con la que el diario informaba de la noticia tras la visita oficial realizada el día antes a la prensa local y corresponsales llegados «de Madrid y Barcelona»:que las obras de reforma del otrora jardín de los Duques de Montpensier aún no estaban terminadas, pese a la inauguración a bombo y plantillo del nuevo espacio verde de la ciudad, y que el vandalismo ya era un problema allá por 1914. Así que eso de no llegar a tiempo con las obras no es cosa de ahora. La reforma del jardín para convertirlo en un parque público costó 417.595 pesetas de las de entonces y durante el lunch (sic) ofrecido a los periodistas tras la visita guiada, el conde de Urbina, vicepresidente del comité ejecutivo de la «Exposición Hispano Americana», detalló a los periodistas invitados –el señor Olmedo por El Correo– el destino de ese presupuesto y así se recoge en la información:80.000 pesetas para el servicio de aguas y regadíos; 16.700 para costear los viajes y gastos del paisajista francés Jean-Claude Forestier encargado del diseño;  112.000 euros en jornales para los trabajos de construcción y plantación;189.000 pesetas en las obras de firmes, excavaciones, movimientos de tierra para trasplantar árboles y la cerámica –trianera, como no– de bancos y fuentes;y 18.000 pesetas para pagar al personal de refuerzo del Ayuntamiento dedicado a levantar los planos. Pese a no estar rematados los trabajos y a que los árboles de nueva plantación no se encontraban aún en todo su esplendor, El Correo de Andalucía hizo gala de todo su entusiasmo para dar la bienvenida al nuevo pulmón verde de la ciudad y describir que, con todo, su aspecto era ya «sencillamente encantador» gracias a sus «anchos arrecifes», «pintorescas avenidas», «sendas escondidas», «bancos preciosos y fuentes cristalinas en las que la cerámica trianera ha hecho verdaderos primores». Recoge el cronista una frase atribuida a Sorolla durante una visita al jardín – «Seguramente han palidecido hoy los más famosos parques europeos»– para reconocer que «tal vez haya algo de andalucismo en la frase pero sí creemos sinceramente que el Parque de María Luisa, una vez terminadas las reformas que en él se realizan, no tendrá nada que envidiar a los más famosos parques europeos». Según El Correo, a los primeros visitantes les llamó especialmente la atención una fuente con surtidores en forma de ranas y patos e informó de que para el acto, formaron en la primera glorieta de entrada 25 guardas vestidos «con sus nuevos uniformes tan vistosos como típicos». Al mismo asistieron entre otros el comisario de la Exposición que se preparaba para el 29, Rodríguez Caso; el presidente de la Comisión de parques del Comité de la Expo el conde de Halcón –al que felicita el diario como impulsor del proyecto–; el arquitecto Aníbal González que se encargaría de la Plaza de España; el conde de Aguiar, director de la parte artística de las obras; y el señor Moliní, ingeniero encargado del plan de riegos y desagües, entre otros. Y concluye la crónica, antes de señalar que el horario de apertura durante la Feria –que por entonces se celebraba en la Pasarela del Prado de forma fija del 18 al 20 de abril– era de 9.00 a 12.00 y de 16.00 a 19.00 horas, con una encendida crítica al temor al vandalismo ante el cual «ha tenido el comité que montar un servicio de guardería, compuesto de ¡treinta y dos hombres! entre guardas y auxiliares. Esto no debe ser, no puede tampoco ser». Insta el cronista de El Correo a los sevillanos a tomar conciencia de cualquier robo de flores o destrozo a los árboles y bancos «como desgraciadamente ocurren en otros jardines y paseos» deben sentirle como un daño «a su propiedad, haciendo cuanto pueda por evitarlo y denunciando y hasta entregando los malhechores a los guardas si ello fuera posible». «Es preciso que las malas, las perversas costumbres se destierren, y que sea el pueblo sevillano el que, mirando por lo que es suyo y por el buen nombre de Sevilla, ponga su mayor empeño en que las flores, los árboles, los bancos y todo lo que en el Parque existe sea respetado». Un mensaje que hoy , cien años después y miles de euros gastados en sucesivas restauraciones del mobiliario del parque, suscribe este diario.

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