Cofradías

El Cristo de la Sed tiene su trinidad

El crucificado salió a su calle con la marcha que lleva su nombre

el 31 mar 2010 / 15:28 h.

Las salidas mañaneras de las cofradías de extramuros tienen un ambiente muy especial que las hacen únicas. Los barrios se vuelcan con sus cofradías y, si todo va bien, el sol acompaña a la luminosidad del momento iluminando capirotes, insignias, canastillas y palios. El último de estos acontecimientos -a la espera de comprobar cómo será la salida del Sol el Sábado- tiene su cita en Nervión, en torno a la hermandad de la Sed y el rito, un Miércoles Santo más, se repite para abrir la jornada.

Justo al mediodía, cuando suenan las campanas, se abren las puertas de la parroquia de la Concepción y los primeros nazarenos toman la calle Cristo de la Sed con la mirada puesta en la residencia de San Juan de Dios, última de las paradas de esta corporación antes de abandonar su barrio. En el tercer tramo, un nazareno lleva pegado en su cirio una foto de cada uno de sus titulares, aportando una estampa de lo más curiosa y que define bien la peculiaridad de las devociones en este tipo de cofradías. Poco después, un costalero de relevo que ha recogido su largo pelo en dos trenzas ajusta el antifaz a un nazarenito que va de la mano de su padre. Puro sabor de barrio.

Los capirotes negros desafían al creciente calor y a ambos lados de la puerta son varios los hermanos de número que aguardan. La hermandad ha dispuesto unas sillas a un módico precio, destinado a la bolsa de caridad, que se han abarrotado. Serán los que más de cerca verán salir a su Cristo. El crucificado que tallara Álvarez Duarte, tocado esta vez por potencias y corona de espinas, toma por fin Nervión formando una curiosa trinidad. Al Cristo de la Sed, en la calle Cristo de la Sed, le tocan Cristo de la Sed de Gámez Laserna. Algo así como el paraíso para los más devotos de la imagen. Y es que el primer paso sale desde hace años con la marcha que le compusiera el afamado compositor, que fue interpretada por la Oliva de Salteras, banda que, posteriormente acompañaría al paso de palio.

UN RECORRIDO DE FLORES. Cuando el Cristo enfila su calle hasta Cardenal Lluch, dibuja una estampa llamativa con la enormidad del estadio Sánchez Pizjuán de fondo. Precisamente, poco antes de salir una representación del Sevilla Fútbol Club visitó a su cofradía vecina.

Rememorando un pasado de vísperas, tanto los manigueteros como los penitentes visten con la túnica que la Sed llevaba cuando los Viernes de Dolores de los 70 visitaba la antigua cárcel de la Ranilla. Negro, sin capa, y con el único adorno de una soga al modo de cíngulo.

Al filo de las 13.00 horas, es el momento de la Virgen de Consolación, que con su mirada de ojos azules llena las calles de casas bajas de su barrio. Desde el campanario caen las primeras flores a su paso, sólo un preludio de lo que sería un discurrir por Nervión entre saetas y lluvias florales. Al marco incomparable le acompaña el elegante andar de la cuadrilla que comanda Ricardo Almansa. Todo es perfecto en el Miércoles Santo de Nervión.


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