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El Cuco: un testigo en la cuerda floja

El Cuco respondió con chulería a un interrogatorio más duro que el que se hizo a los acusados.

el 25 oct 2011 / 19:29 h.

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Llegó muy cambiado: alto y musculado, con un vaivén al andar típico de adolescente y el pelo lacio, muy largo y cobrizo. Tan distinto del menor condenado a casi tres años de encierro por encubrir el crimen de Marta del Castillo, que no lo conocieron ni los fotógrafos que cubren el juicio ante la Audiencia. Le hicieron fotos por si acaso, como a todo el que entraba, cuando se acercó con la cara tapada por un pañuelo azul y gafas de sol. Ni siquiera el grupo que cada mañana acude a los juzgados para insultar a los acusados lo reconoció. Pero al pasar bajo el detector de metales de la Audiencia, El Cuco oyó que pitaba y se volvió para mirar hacia el arco. Entonces se le vio la cara: no ha cambiado nada desde que fue detenido, hace casi tres años, por la muerte de su amiga Marta.

El Cuco dio uno de los testimonios más interesantes de los vistos hasta el momento, presionado por un minucioso interrogatorio del fiscal y el letrado de la familia de Marta. Más intenso incluso que el que han afrontado los propios acusados, a los que no miró al acercarse al banquillo. A él si le insistieron en que su declaración policial, que luego dijo que los investigadores le habían dictado, era muy precisa para ser falsa. Detallaba incluso lo que pensó cuando llegó al piso de Miguel y vio un bulto envuelto en el suelo: creyó que podía ser el cuerpo del hermano de Miguel porque se llevaban muy mal. O que cuando fueron al río a tirar a Marta nadie dijo adónde iban, como si ya lo hubieran hablado. "¿Por qué no dijo a su abogado que la Policía lo presionaba? ¿Cómo es que ante el juez repitió su declaración, si ya no había policías? ¿Cómo contó tantos detalles al juez si se limitó a decir que sí a lo que le dictaba la Policía?", ametrallaba el fiscal.

Mientras más le preguntaban, más nervioso se ponía. El Cuco repitió su coartada y reiteró que estuvo de botellona, que llamó a Samuel porque habían quedado en dormir en su casa pero no se vieron, que no sabe nada del crimen. A partir de ahí, todo era "ahora mismo no me acuerdo", "no lo sé", o como mucho "creo que", escudándose en el paso del tiempo.

Y cuando más le preguntaban y más nervioso se ponía, más dudaba al responder y más respuestas surrealistas daba, como que dormía a veces "en posición fetal" debajo de la mesa del dormitorio de Miguel o que creía que los investigadores "no le leyeron sus derechos enteros" al interrogarlo. Y a la vez, más chulesco era el tono de sus contestaciones: "¡La Policía me dijo que se iban a llevar por delante a mi madre! ¡Que le iban a echar las culpas porque habían encontrado algo en el coche!", "¿Que qué hice después? Me fui a dormir la mona", "¡Si yo estaba ebrio!". Hasta que el juez lo cortó: "Haga el favor de contestar con el mismo respeto y la misma educación con los que está siendo tratado". No fue la única llamada de atención, también le pidió que se apartara el pelo de la cara para que los abogados pudieran ver su expresión y le reprochó la coletilla: "Si quieren saberlo [dónde está el cuerpo de Marta] pregúntenle a Miguel". "Eso sobraba", le recriminó el juez.

A la salida de semejante mal trago lo esperaban sus padres para arroparlo. No así su abogado, que se pasó la mañana en una televisión comentando el testimonio de su cliente.

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