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El cura progre de los mil cargos

"Sí, sí, muy bueno y muy santo, pero lo primero que hace por las mañanas es comprar El País", oyó comentar sobre él en cierta ocasión a una escandalizada feligresa de su parroquia de Los Remedios mientras hacía la cola del pan.

el 16 sep 2009 / 04:55 h.

"Sí, sí, muy bueno y muy santo, pero lo primero que hace por las mañanas es comprar El País", oyó comentar sobre él en cierta ocasión a una escandalizada feligresa de su parroquia de Los Remedios mientras hacía la cola del pan. Lo cierto es que al cura Francisco Navarro, reelegido esta semana presidente de la Fundación Forja XXI por los próximos cuatro años, le persigue una mal ganada fama de socialista. Quizá, como él mismo admite, por aquello de que la organización que preside, dedicada a la inserción laboral de jóvenes desempleados a través del desarrollo de programas de empleo y formación, "pasa entre mucha gente por ser una fundación del PSOE" cuando, en realidad, la colaboración con los poderes públicos constituye, en gran medida, uno de los pilares básicos de su funcionamiento.

Estrecho colaborador del cardenal Amigo durante los años de su pontificado, "a quien considera una de las mentes más abiertas que hay en la Iglesia española", Navarro es uno de los pesos pesados del clero local, de ahí que su meditada ausencia -prefirió no suspender un viaje programado a Grecia- en el acto de toma de posesión de monseñor Asenjo Pelegrina como nuevo arzobispo coadjutor de Sevilla, celebrado el pasado mes de enero, no pasara inadvertida al ojo clínico de algunas sotanas.

Ordenado sacerdote en 1968, este canónigo de la Catedral es un firme partidario del aggiornamento o puesta al día de la Iglesia que pretendió el Concilio Vaticano II al promover una apertura dialogante con el mundo moderno. Muchos le han colgado el cartel de cura progre, pero él prefiere autocalificarse como una "persona abierta" a la que no le duele en prendas disentir públicamente de la jerarquía eclesiástica en asuntos que van más allá de lo que Juan XXIII denominó como el depósito de la fe. Precisamente, fue uno de los escasos curas que firmó aquel manifiesto de los católicos sevillanos en contra del encuentro de las familias organizado por el cardenal Rouco en Madrid en diciembre de 2007. "La pretensión de que la unidad de la Iglesia sea uniformidad va en contra de la doctrina de la Iglesia", sentencia.

Del ecumenismo de la Iglesia en su sentido más amplio aprendió grandes lecciones en sus años como miembro del Servicio Diplomático de la Santa Sede, con sucesivos destinos en las nunciaturas de Tanzania, Irak, Kuwait, Ghana, Togo y Benin.

Si ser economista ni gestor, durante su etapa como mayordomo del Cabildo Catedral de Sevilla (1985-1998) logró implantar un modelo de gestión que hoy día sigue siendo admirado y que permite generar recursos financieros para mantener el monumento catedralicio y, al mismo tiempo, contribuir a la diócesis con un 33% de los ingresos que genera la visita turística.

El cardenal Amigo, por entonces aún arzobispo, le rescató de sus misiones como diplomático de la Santa Sede para nombrarle delegado episcopal para el V Centenario de la Evangelización de América, ejerciendo de comisario de la célebre exposición Magna Hispalensis, un evento que, a su juicio, marcó un antes y un después de la historia reciente de la Catedral sevillana.

Aunque hermano del Silencio, Navarro mantiene las distancias con las cofradías sevillanas. "Para algunas personas, parece que las hermandades son lo más importante de la Iglesia de Sevilla, y no lo son".

Actual delegado de Administración y Patrimonio de la Catedral, Navarro entierra cualquier aspiración de alargar la Carera Oficial por la Puerta del Príncipe: "El mausoleo a Colón no se puede cambiar de sitio, simplemente porque no hay otro lugar".

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