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«El curso me ha hecho perder el miedo a la administración»

Mohammed Sandouk, parado, podrá vivir dos años más en Sevilla gracias al informe.

el 05 oct 2014 / 12:00 h.

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Mohammed se lamenta de la dificultad para renovar los papeles. / José Luis Montero Mohammed se lamenta de la dificultad para renovar los papeles. / José Luis Montero El periplo de Mohammed Sandouk desde que entró en España, de manera irregular, por la frontera de Melilla hace más de cinco años no es muy diferente del de muchos extranjeros norteafricanos para los que la tranquilidad no llega ni muchos menos cuando consiguen un primer permiso para residir temporalmente en el país. Mohammed, de origen argelino, cruzó la frontera con su hijo mayor, que ahora tiene diez años, y su mujer embarazada, en la creencia –«falsa», dice– de que tener un hijo nacido ya en territorio nacional le allanaría el camino. De hecho, dos de sus tres hijos son españoles. «La gente se cree que si nacen aquí ya no tienes problemas, yo también lo creía, y qué va, al revés, te exigen más», alega. Tras lograr un primer empleo cuidando a personas mayores, obtuvo la primera tarjeta temporal de residencia, con una validez de un año. Cuando llegó el momento de renovarla, ya no tenía trabajo pero había cotizado los nueve meses mínimos exigidos en el año inmediatamente anterior y estaba cobrando la prestación por desempleo, por lo que logro la primera renovación por dos años. Sin embargo, la crisis económica no hizo más que dificultarle las cosas a él y a su mujer y cuando este año le tocó renovar por otros dos años, apenas había acumulado cuatro o cinco meses sueltos de cotización en los últimas dos anualidades y ya solo cobra la ayuda familiar. La cosa estaba complicada y oyó hablar de la posibilidad de realizar unos cursos y obtener el informe de esfuerzo de integración. En su caso funcionó. «Otros amigos en mi misma situación con la única diferencia de que no hicieron el curso no se la renovaron así que creo que sí fue determinante, sobre todo porque es la Consejería de Justicia la que lo certifica y siempre tiene más fuerza», relata. Eso sí, siempre que se cumplan los requisitos de empadronamiento, estar inscrito como demandante de empleo en búsqueda activa y no tener antecedentes penales. Con todo, Mohammed recomienda hacer estos cursos «al margen de los papeles» porque «las personas inmigrantes sin papeles a lo que más miedo tienen es a la administración y ahí te enseñan que no pasa nada por entrar y preguntar en una oficina, yo he perdido ese miedo». En los cursos se aprenden derechos y deberes, a dónde acudir, normativa y también historia del país, algo que interesó especialmente a Mogammed. «Por fin me enteré de dónde viene el tema de la Monarquía y República en España, no sabía que había sido una República antes», relata curioso. Ahora es su mujer, que anteriormente ha trabajado en guarderías pero que también lleva ya mucho tiempo en paro, quien debe renovar su tarjeta (a ojos de la administración de Extranjería no son un núcleo familiar porque para convalidar su matrimonio por la ley española deben realizar trámites que requerirían volver a su país) y Mohammed reconoce que «lo va a tener más difícil porque el año anterior no ha cotizado ni un día». «Ahora va a hacer ella el curso y su solicitud va a ir solo con el informe de esfuerzo de integración», dice. Precisamente por que administrativamente es como si no fueran matrimonio, el hecho de que él ya haya renovado no influirá para nada «y si no tampoco serviría porque yo no tengo trabajo». El hecho de tener hijos tampoco suma. «No te expulsan pero no te dan los papeles, de hecho te exigen más, tienes que tener ingresos superiores a 2.000 euros y nosotros cuando trabajábamos ganamos unos 600 cada uno», afirma.

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