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"El daño hecho a los agricultores no se compensa con las ayudas"

Experta en agricultura sostenible y mercado agrario defiende que la producción agraria andaluza es, ante todo, "segura"

el 04 jun 2011 / 21:12 h.

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Pese a que son sus compatriotas (nació en Stuggart hará el próximo septiembre 35 años), Laura Riesgo, profesora de la Universidad Pablo de Olavide experta en mercados agrarios y producción sostenible, no duda en reconocer que la alerta sanitaria de Alemania contra el sector hortofrutícola español a cuenta de los casos de E-coli detectados ha sido “excesiva”. “La agricultura española no tiene nada de lo que avergonzarse. Es buena y cumple con todos los estándares de calidad”.


–La alerta alimentaria se ha levantado pero, ¿cómo se levanta ahora el sector?
–Es muy complicado, porque no depende de lo que digan las autoridades. El consumidor recela de un producto del que hasta ayer le decían que no se podía comer. Lo que va a ser difícil de recuperar es, precisamente, su confianza. Ahí es donde está el mayor papel que tiene que desempeñar el Gobierno español y la Comisión Europea. Y no es una tarea fácil.


–¿Ha sido excesiva la alerta?
–Creo que sí. Entiendo que se está muriendo gente, que Alemania estaba desesperada, pero la alarma y el veto a los productos españoles van a hacer muy complicado que los agricultores españoles vuelvan a instaurarse en el mercado internacional.


–¿Ha estado la UE a la altura?
–Se ha precipitado un poco. Entiendo la urgencia del país [Alemania], pero una alarma así, cuando no ha habido problemas en otros países, es excesiva.


–Como experta en agricultura sostenible y una vez que el foco está puesto sobre nuestra agricultura, ¿se puede decir que es un sistema de producción seguro?
–Cumplimos con todos los estándares. Ha sido una alarma falsa. No teníamos la culpa de nada y por eso nuestra agricultura está situada en los mercados donde está. No hay nada de lo que sentirse avergonzados. Nuestra agricultura es buena y goza de salud.


–Pero en el caso de Almería, donde han apostado por una producción de última tecnología, se puede poner en duda incluso el sistema de invernaderos.
–Los invernaderos son ecosistemas en sí mismos en los que, a veces, no se usan ni productos químicos. Este modelo de producción no tiene ningún problema de seguridad.


–¿Y es sostenible desde el punto de vista del consumo de recursos hídricos?
–Ahí sí que está medido el consumo de agua. Al milímetro. Es una agricultura tecnológicamente muy avanzada. Yo parto de la base de que el agricultor, cuando cultiva, sabe que tiene que hacerlo respestando su activo, que es la tierra. Sabe cómo se maneja y busca mantener un equilibrio.


–¿A quién beneficia esta alarma sanitaria?
–Ya ha salido Francia diciendo que su agricultura cumple con todos los estándares sanitarios... ¡Pero es que la española también! El producto sigue siendo sano. No me atrevería, sin embargo, a decir que ha sido una alarma premeditada. Pienso que es una precipitación de las autoridades alemanas. ¿Se arregla compensando a los agricultores? No, porque no es un problema puntual. El problema es recuperar la confianza, cambiar la mentalidad del que va a comprar.


–Este tipo de alerta no sólo es mala para el producto, también crea una imagen distorsionada del agricultor español, al que se presenta como un desalmado que no cuida lo que cosecha.

–El agricultor lo que hace es respetar el entorno, que le proporciona un trabajo, un sustento. Él es el que está en el campo y en ningún caso quiere cargarse el medio ambiente.

–Otro de sus campos de investigación son los mercados agrarios. En este sentido, la política agraria comunitaria está desmantelando sectores clave para la cohesión territorial.

–La UE busca desvincular la ayuda directa al agricultor por una compensación relacionada con el mantenimiento de la tierra, por ejemplo. Fomenta el abandono de unos cultivos por otros. Aunque no es tan fácil, porque uno se hace experto en una cosa y no se puede pasar a otra de la noche a la mañana. La política quiere conseguir a veces cosas para las que se necesitan varias generaciones.

–Intermón ha alertado de que en los próximos años se va a producir una escalada de los precios insostenible para muchos países subdesarrollados. ¿Serán los alimentos los nuevos activos con los que especular?

–Es una realidad que en los últimos años se han detectado tensiones con el precio de los alimentos. Es el caso de los cereales. Ahí se ha detectado especulación. Pero ésta es la ley de la oferta y la demanda. Si una empresa almacena alimentos pensando que el precio va a subir en unos meses, no hay ningún gobierno que pueda obligarle a vender antes para evitar que haya especulación.

–¿Qué porcentaje de lo que comemos está manipulado genéticamente?

–En Europa, hay sólo dos cultivos autorizados: maíz para piensos y patata para uso industrial. Pero cualquier producto transgénico tiene que estar etiquetado. De cualquier manera, el consumidor europeo no es proclive a comer productos genéticamente manipulados. Está dispuesto a pagar más por un producto más sano.


–Pero si se usa para piensos, ¿no lo estamos consumiendo igualmente?
–No hay evidencias que demuestren diferencias en la trazabilidad de una carne de un animal que ha comido transgénico de otro que no. El animal se lo come pero no pasa a su ADN, por lo que no llega a la cadena humana. No veo ningún problema. De hecho, no ha habido ninguna alerta, aunque eso no significa que esté a favor de la liberalización de este sector.

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