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Cofradías

El decreto

La opinión de Ana María Ruiz Copete

el 27 feb 2015 / 08:31 h.

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Nuestro arzobispo ha emitido un decreto, que ya iba siendo necesario, para regular la proliferación de procesiones extraordinarias. En este decreto se numeran los motivos que justifican la concesión de una salida extraordinaria, lo que de un tiempo a esta parte se ha puesto muy de moda entre nuestras hermandades. Sin duda, la inflación de procesiones excepcionales obedece, en mi opinión y a pesar de todo, a la bonanza económica de la que hoy disfrutan nuestras cofradías. Este exceso procesional era impensable en épocas pasadas, en las que el motivo principal para no salir a la calle no era tanto la inclemencia meteorológica como el no disponer de recursos suficientes para sufragar los cuantiosos gastos que generaba una procesión. Me confieso totalmente a favor del decreto y de las intenciones que tiene, sin embargo, discrepo en el catálogo de aniversarios que pueden celebrarse y de la manera con la que se pretende atajarlos. Puestos a comparar aniversarios, creo que igual de relevante, o más si cabe, es la celebración del cuarto centenario de la hechura del Señor de Pasión, en este mismo año, o la del Gran Poder, dentro de cinco años, que la celebración del XXV aniversario de una coronación canónica, de las que últimamente se han producido muchas en nuestra Archidiócesis. Hay aniversarios y aniversarios y también muchas formas posibles de celebrar cada uno de ellos. Por eso, pienso que el decreto habría quedado mucho mejor si se hubiera limitado a establecer que se autorizarán las procesiones extraordinarias solo cuando «se celebren actos singulares de especial relevancia eclesial y de gran interés pastoral», sin entrar en la enumeración de aniversarios ni de cualquiera otra efeméride. También hubiera sido una buena ocasión para introducir en este documento el papel «evangelizador» que deben tener siempre las salidas procesionales. Me da la impresión de que nuestro prelado duda del poder de las hermandades como instrumento de evangelización y este decreto podría haber potenciado ese papel que, ineludiblemente, deben tener estas corporaciones en la iglesia diocesana de Sevilla.

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