Cultura

El descanso del guerrero

Después de trece meses de trabajo en Suiza, donde la semana próxima presentará su faraónica obra en la cúpula del edificio de la ONU de Ginebra -en medio de la pelea mediática por el coste del proyecto-, Miquel Barceló se aparta del foco con Obra africana, una exposición inaugurada en Málaga.

el 15 sep 2009 / 18:13 h.

Después de trece meses de trabajo en Suiza, donde la semana próxima presentará su faraónica obra en la cúpula del edificio de la ONU de Ginebra -en medio de la pelea mediática por el coste del proyecto-, Miquel Barceló (Felanitx-Mallorca, 1957) se aparta del foco con Obra africana, una exposición inaugurada ayer en Málaga, donde el autor repasa sus 20 años de experiencia vital y profesional en Mali.

Mali es para el artista con más proyección mediática de España, el descanso del guerrero, un refugio imprescindible cuando arrecia la tormenta mediática. Allí viajó Miquel Barceló hace casi 20 años, concretamente en 1989, en un viaje que supondría tan sólo el inicio de una profunda y prolongada experiencia vital con la etnia dogón, que se extiende hasta hoy. "En el último año no he podido viajar allí por haber estado tan comprometido con el trabajo de la cúpula de la ONU en Ginebra", se excusaba ayer Barceló en una multitudinaria rueda de prensa ofrecida en Málaga, en cuyo Centro de Arte Contemporáneo (CAC) expone por primera vez su Obra africana.

Y es en su experiencia africana donde está "el origen" de toda la pintura que ha desarrollado después, y también de las cerámicas con las que decoró la Catedral de Palma de Mallorca, tras conocer las técnicas milenarias que le enseñó una alfarera "sin torno, electricidad ni ninguna herramienta", explicó ayer el artista.

Y es que el mallorquín, que presenta por primera vez en público una selección de 82 de sus obras africanas, aprendió a trabajar con el polvo de las tormentas de arena que cubre algunas de estas piezas -"el polvo de allí se mete hasta en las latas de sardinas, y al principio intentaba limpiarlo, hasta que entró a formar parte de las obras", recordó- o con las termitas que las han devorado parcialmente. Al principio, volvía de sus viajes y se encontraba "grandes agujeros en todas las resmas de papel", hasta que decidió empezar a trabajar con las termitas "y ahora es un placer ver que trabajan veinticuatro horas al día", bromeó.

África, la metáfora de algo inabarcable, como bien la define Barceló, también ha cambiado la mirada del artista, contagiado por la "extraña forma de ver" de sus gentes. "Los dogón no están acostumbrados a ver imágenes planas en televisiones o fotografías, lo que hace que su forma de mirar sea muy sofisticada. Son capaces de ver en la oscuridad y de reconocer a las personas a kilómetros", relató el artista, que definió ayer esta muestra como "una exposición muy convencional" de pintura, dibujos, acuarelas y alguna escultura. "El trabajo en Mali es mucho menos analítico que el del resto de su obra", añadió a esta reflexión ayer el comisario de la muestra, Enrique Juncosa: "Allí todo es mucho más inmediato, de respuesta al paisaje".

Y es que el país africano al que Barceló regresa una y otra vez y que se ha convertido ya en una geografía imprescindible a través de la cual comprender su ideario y discurso creativo, "no es un escenario, es un lugar donde vivir, donde sentir y donde entender", añadió el comisario. Barceló lo dejó claro: "Los blancos hemos ido siempre a África a enseñar e imponer nuestras cosas y nuestras costumbres, pero yo simplemente fui a aprender. Y aprendí, mucho".

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