Local

El devorador de imágenes

El pintor sevillano fue nombrado esta semana Hijo Predilecto de Andalucía.

el 05 mar 2012 / 11:09 h.

TAGS:

En Sevilla, decir Gordillo es una invitación a evocar a una zurda prodigiosa y el dorsal 3 sobre la elástica verdiblanca. Pero ya va siendo hora de que ese apellido empiece a sugerir en el oyente explosiones de color, formas sinuosas y composiciones absorbentes, las que caracterizan la obra de un gran artista, recién nombrado Hijo Predilecto de Andalucía , como es el sevillano Luis Gordillo.

Nacido en 1934, hijo de un médico, se crió en La Florida, y las casas de este barrio fueron precisamente lo primero que dibujó. No obstante, antes de abandonarse a su vocación artística, cursó estudios de Derecho por prescripción paterna, para matricularse a la primera ocasión en Bellas Artes.

Pero para un creador artístico la España de la posguerra no debía de ser el lugar más estimulante, de modo que hizo las maletas y se plantó en París, decidido a darse un refrescante baño de vanguardia. Trabajó a finales de los años 50 en un hotel al tiempo que se iba convirtiendo a la fe del informalismo, con los Tàpies, Dubuffet y Fautrier. Allí también fue testigo de las duras condiciones en que llegaban los exiliados del Franquismo, cuya realidad le marcó profundamente.

De vuelta a Madrid, habitó en un apartamento tan pequeño, que durante un tiempo sólo pintaba en un formato reducido, por falta de espacio para abordar lienzos más grandes. Algo muy distinto, como se puede imaginar, de su actual casa a las afueras de la capital, diseñada por el estudio de los arquitectos Ábalos y Herreros.

Allí no sólo siguió Gordillo desarrollando su inspiración pictórica, enriquecida con las nuevas y poderosas corrientes del pop, sino que también acabó ejerciendo de hermano mayor o sombra tutelar de los valores emergentes de la Nueva Figuración, con Guillermo Pérez Villalta a la cabeza, seguido de nombres como Juan Antonio Aguirre, Carlos Franco y Carlos Alcolea. para entendernos, corría en toda su furia la década de los 70, y ya se fraguaban los cimientos de la llamada Movida madrileña, que nunca se habría entendido sin la aportación de los plásticos.

El descubrimiento del psicoanálisis, tan en boga en aquellos años -aunque la mayoría llevaba bajo el brazo libros de Freud y Jung sólo para ligar con universitarias- terminó de consolidar esos dos polos, experiencia y pensamiento, entre los que se movería su discurso estético.

En aquel hervidero de irreverencia e ideas frescas, Luis Gordillo fue el primero en echar mano de lo que con el tiempo llamaríamos, para simplificar, nuevas tecnologías. También fue pionero en el uso de la fotografía conectada a la pintura, lo que permite a algún especialista definirlo como "un devorador de imágenes".

Tan es así, que Gordillo lleva años, décadas, guardando todas las imágenes que encuentra en prensa y son de su interés. Nadie sabe si acabarán inspirando alguno de sus cuadros, pero lo seguro es que el sevillano las archiva celosamente, como si se tratara de un tesoro disperso que conviene poner a buen recaudo.

Perfeccionista hasta el extremo, convencido de que una obra nunca alcanza un estado definitivo, Gordillo ha sido objeto en los últimos años de exposiciones retrospectivas de formidable repercusión, como la celebrada en el Museo de Arte de Zapotán en México, o la que en 2007 le dedicó en Madrid el Museo Reina Sofía, sin olvidar la celebrada en la Casa de la Provincia de Sevilla, con interesante material de su primera época.

En su ciudad natal ha hecho de todo, desde el cartel de la Maestranza al de la Bienal de Flamenco, por lo que cabe decir que ha sido profeta en su tierra. El nombramiento de Hijo Predilecto de Andalucía se antoja tan merecido como oportuno. No obstante, quienes le conocen aseguran que Gordillo tiene una espinita clavada: el definitivo salto internacional de su obra, la consagración en una bienal de prestigio o un gran evento similar. Méritos los tiene todos, más que muchos que sólo le superan en márketing, sólo ha faltado ese empujoncito, que bien podría darse en un plazo razonable.

Mientras tanto, Gordillo y su obra son un rotundo motivo de orgullo para Sevilla y Andalucía. Aunque nunca haya llevado el tres en la espalda, ni sepa chutar con la izquierda.

  • 1