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El día después

A la mañana, traída por un levante casi norteño, no le hacía falta abrirse paso porque Triana estaba tranquila, con la sensación de oquedad que queda tras una conmoción. En el lubricán de anteayer las cadenas televisivas ofrecían imágenes de las calles desiertas de Barcelona en los minutos que antecedían a la final de la Copa de Europa...

el 16 sep 2009 / 03:27 h.

A la mañana, traída por un levante casi norteño, no le hacía falta abrirse paso porque Triana estaba tranquila, con la sensación de oquedad que queda tras una conmoción. En el lubricán de anteayer las cadenas televisivas ofrecían imágenes de las calles desiertas de Barcelona en los minutos que antecedían a la final de la Copa de Europa, pero estas horas matutinas trianeras del día después de la salida de las carretas no le han interesado a nadie. Y, sin embargo, componen una escena igual de insólita: en la esquina de la calle Castilla con Chapina, bajo el laurel de indias que acoge las mesas de un bar, sólo desayuna una pareja.

Ella va ataviada con uno de esos pañuelos huertanos que algún avispado ha vendido a miles bautizándolos en aguas rocieras; seguramente, vuelven de Torrequemada, donde habrán pasado la noche, y ahora están sumergidos en este extraño silencio del día de después. La pareja se va y, al poco, la mesa la ocupa otra con un niño: son trianeros marroquíes. Ella lleva en la cabeza el hiyab, el velo musulmán, pero lo extraño de la escena es que se sienten ahí los tres, felices, a las diez de la mañana de un día laborable. Sin duda se han ido aquellos para quienes trabajan y ellos se han encontrado con una fiesta particular.

En cierto modo la romería les ha llegado como un eco, como una baraka inesperada de algo que no es suyo pero que empieza a actuar sobre sus vidas. Tal vez recuerden dentro de mucho esta mañana silenciosa bajo el laurel copudo como los otros recordarán la noche pasada en el bullicio de la acampada. Al pañuelo de la mujer que se ha ido, velo religioso durante siglos, la fiesta lo ha convertido en folclore. ¿Por qué el de esta marroquí no puede estar en el día de antes de dejar de ser hiyab? Los caminos de la integración también son inescrutables.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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